Back En la oscuridad Save as PDF
Contents ( 3)
  1. PRIMERA PARTE
  2. SEGUNDA PARTE
  3. TERCERA PARTE

A Lorna Grieve y a su esposo les cupo en suerte enfrentarse por separado al dúo más soportable del inspector Bill Pride y el sargento Roy Frazer. El matrimonio no había visto a Roddy el domingo, y Lorna había estado en casa de unos amigos en North Berwick; Hugh Cordover pasó el día trabajando con un ingeniero de sonido y varios músicos en el estudio de grabación de su casa; había testigos.

Tampoco había visto nadie a Roddy Grieve el sábado por la noche cuando supuestamente salió a tomar una copa con unos amigos. Ninguno de sus amigos le había visto. La conclusión era que Roddy Grieve llevaba una doble vida al margen de su matrimonio. Lo cual iba a complicar enormemente la investigación.

Porque por mucho que uno se esfuerce, hay secretos que se resisten a la indagación.

11

La caja de ahorros estaba en George Street, una calle que cuando Siobhan Clarke llegó a Edimburgo era como un gueto inquietante de arquitectura imponente y tiendas decrépitas. La mitad de los locales de oficinas estaban vacíos y el letrero de se alquila colgaba de los edificios como un pendón. Pero había dado un cambio y ahora había tiendas elegantes y numerosos bares y restaurantes, casi todos ellos instalados en antiguas sedes de bancos.

Que la caja de ahorros de C. Mackie siguiera abierta parecía casi un milagro. Clarke se sentó en el despacho del director mientras éste buscaba la documentación. El señor Robertson era un hombre bajo y gordo de calva reluciente y sonrisa radiante. Las gafas de media luna le conferían un aspecto dickensiano y Clarke casi se lo imaginaba vestido de época. El hombre aceptó la sonrisa que le dirigió como un cumplido a su carácter o a su eficiencia y volvió a sentarse ante el moderno escritorio de su moderno despacho. La carpeta que había cogido no era muy gruesa.

—La C corresponde a Christopher —dijo.

—Misterio desvelado —añadió Clarke abriendo el bloc de notas al tiempo que el señor Robertson la obsequiaba con una espléndida sonrisa.

—Abrió la cuenta en marzo de 1980. Concretamente el quince, un sábado. Pero yo no era director entonces.

—¿Quién lo era en aquella fecha?

—Mi antecesor, George Samuels. A mí aún no me habían ascendido ni estaba en la sucursal.

Clarke pasó hojas de la libreta de Christopher Mackie. El primer ingreso era de cuatrocientas treinta mil libras.

—Correcto —comentó Robertson comprobando la cantidad—. A continuación retiró pequeñas cantidades y tiene los abonos del interés anual.

—¿Usted conoció al señor "Mackie?

—Pues no, pero me he tomado la libertad de preguntar al personal —contestó pasando el dedo por la columna de cifras—. ¿Dice que era un mendigo?

—A juzgar por sus ropas no parece que tuviera domicilio.

—Bueno, desde luego, la vivienda está por las nubes, pero de todos modos...

—Con cuatrocientas mil libras podría haber encontrado algo, ¿verdad?

—Con esa cantidad habría podido encontrar lo que quisiera —hizo una pausa—. Pero veo aquí unas señas del Grassmarket.

—Después iré allí.