Back En la oscuridad Save as PDF
Contents ( 3)
  1. PRIMERA PARTE
  2. SEGUNDA PARTE
  3. TERCERA PARTE

—¿No sabía usted que existían?

—Me acabo de enterar por la agente Wylie.

—Pero la fecha de las obras —terció Grant Hood— coincide bastante con la del esqueleto.

—¿No pensarán que un obrero se tapió él solo...? —preguntó la señorita Templewhite.

—Yo creo que lo habrían advertido —dijo Rebus. De todos modos, sabía que habrían de plantear la pregunta a la empresa constructora—. ¿Cuál era la empresa contratista?

La mujer alzó los brazos.

—Había contratistas y subcontratistas... La verdad es que perdí la cuenta. Wylie miró a Rebus.

—La señorita Templewhite cree que debe de existir constancia de las empresas.

—Ah, sí, seguro —dijo la mujer mirando a su alrededor—. Y ahora asesinan a Roddy Grieve. Este lugar siempre estuvo maldito. Era maldito y lo seguirá siendo —añadió asintiendo con la cabeza y mirándoles con expresión solemne como quien sabe lo que se dice.

En el bar–furgoneta Rebus les invitó a té.

—¿Por aligerar su conciencia? —preguntó Wylie cuando cogía el vaso.

En aquel momento llegó un coche patrulla a recoger a la señorita Templewhite y Grant Hood le abrió la puerta para que se acomodara y le dijo adiós con la mano.

—¿De qué debería sentirme culpable? —dijo Rebus.

—Pues quién, si no, nos ha asignado este trabajo...

—¿Quién te ha dicho semejante cosa?

—Es lo que se rumorea —respondió ella encogiéndose de hombros.

—Pues deberías darme las gracias —replicó Rebus—. Un caso importante como éste puede ser crucial en tu carrera.

—Pero no es tan importante como el Roddy Grieve —contestó ella mirándole.

—Vamos, suéltalo —dijo él, pero ella negó con la cabeza. Rebus tendió el otro vaso de té a Grant Hood—. Era una viejecita simpática.

—A Grant le gustan las mujeres maduras —añadió Wylie.

—Olvídame, Ellen.

—Él y sus amigos van al Marina a ligar abuelas.

—¿Es cierto, Grant? —preguntó Rebus al verle ruborizarse.

Hood se contentó con mirar a Wylie para a continuación concentrarse en el té.

Rebus tenía la impresión de que aquellos dos se llevaban bien y se tenían confianza como para hablar de su vida privada y gastarse bromas.

—Bueno, volvamos al trabajo —dijo saliendo del barecito al ver que los obreros comenzaban a formar cola para el almuerzo devorando con los ojos a Ellen Wylie. Aunque los dos jóvenes agentes llevaban el casco, se notaba que eran visitantes—. ¿Qué datos tenemos?

—Hemos enviado Mojama a un laboratorio especializado del sur —dijo Wylie— en el que aseguran que pueden darnos una fecha más exacta de la muerte. Pero de momento suponemos que debió de producirse entre el setenta y nueve y el ochenta y uno.

—Y sabemos que las obras comenzaron en 1979 —agregó Hood—. Yo creo que aproximadamente es la fecha en que lo mataron.

—¿En qué os basáis? —preguntó Rebus.

—En el hecho de que si se quiere esconder un cadáver ahí son necesarios los medios y la ocasión para ello. El paso al sótano estuvo prohibido durante mucho tiempo. ¿Quién iba a ocultar un cadáver allí a no ser que conociera la existencia de la chimenea? Sabían que iban a tapiarla otra vez y pensarían que allí el muerto podría quedar enterrado por los siglos de los siglos.