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—Ahora son las once —dijo Rebus consultando el reloj.
—¿Seguro que no quiere algo más? Hay dos hamburguesas recién hechas.
—De acuerdo, pero sólo una —dijo él dándose unos golpecitos en la panza.
—Hay que alimentarse, ¿sabe? —dijo ella con un guiño.
Rebus cogió el té y la hamburguesa. En una repisa había botellas de salsa y se echó en el panecillo un chorro de algo marrón.
—Es que Andy está algo pachucho y me ha tocado estar al pie del cañón —dijo la mujer.
—Nada grave, espero —comentó Rebus dando un mordisco a la carne ardiendo con cebolla derretida.
—Sólo una gripe y puede que ni siquiera eso. Los hombres son todos unos hipocondríacos.
—Con este tiempo, es comprensible.
—No, si yo no me quejo.
—Las mujeres son más fuertes.
Ella se echó a reír y puso los ojos en blanco.
—¿A qué hora termina?
—¿Es que quiere ligar conmigo? —dijo riendo de nuevo.
—A lo mejor vuelvo a tomarme la otra —Rebus se encogió de hombros y cogió la hamburguesa.
—Está abierto hasta las cinco, pero se acaban a la hora del almuerzo.
—Correré ese riesgo —replicó Rebus con un guiño dirigiéndose de nuevo a la puerta.
Iba tomándose el té por el camino. Al ver que los obreros bajaban con la polea una carga de pizarras recordó que no llevaba casco. En la caseta de entrada había unos cuantos pero no quería volver allí. Entró en Queensberry House. No había luz en la escalera del sótano pero oyó voces al final del vestíbulo. Se veían sombras en la antigua cocina. Al entrar Ellen Wylie se volvió hacia la puerta y le saludó con la cabeza. Tomaba declaración a una mujer mayor que estaba sentada en una silla de lona de director de cine y que sonaba cada vez que la mujer se movía, cosa que hacía con frecuencia y con vivacidad. Grant Hood estaba junto a la pared tomando notas fuera del ángulo visual de la mujer para no distraerla.
—Que yo recuerde, siempre estuvo recubierto de listones de madera —dijo la mujer con un tono agudo autoritario.
—¿Como éstos? —preguntó Wyllie señalando unos listones machihembrados que quedaban junto a la puerta.
—Sí, eso es —contestó la mujer dirigiendo una sonrisa a Rebus.
—Le presento al inspector Rebus —dijo Wylie.
—Buenos días, inspector. Me llamo Marcia Templewhite.
Rebus se acercó a la mujer y le dio la mano.
—La señorita Templewhite fue del comité de Sanidad en los setenta —dijo Wylie.
—Y durante muchos años antes —añadió la mujer.
—Ella recuerda que se hicieron obras —continuó Wylie.
—Muchísimas obras —corrigió la mujer—. Excavaron todo el sótano para instalar una nueva calefacción, cambiar el suelo, meter tuberías... No saben lo que fue aquello. Hubo que subirlo todo arriba y no había sitio donde ponerlo. Estuvimos así muchas semanas.
—¿Y quitaron los listones de madera? —dijo Rebus.
—Pues como le estaba diciendo a...
—La agente Wylie —dijo Ellen.
—Le decía a la agente Wylie que si hubieran destapado las chimeneas nos habríamos enterado.