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—Hay una relación clara con las obras de reforma —Wylie asintió con la cabeza.
—Entonces, necesitamos saber las empresas que las hicieron y los trabajadores que tenían en aquellas fechas —los dos jóvenes intercambiaron una mirada—. Sí, sé que es una tarea ímproba, pues habrá empresas que ya no existan y a lo mejor ni hay documentos de la época como asegura la señorita Templewhite, pero no queda más remedio que investigarlo.
—Las listas de personal serán una pesadilla —dijo Wylie—. Muchas constructoras contratan gente para una obra y después la despiden, aparte de que lasempresas cambian de sede y a veces cierran.
Rebus asintió.
—Tendréis que poner buena voluntad y dedicar mucho tiempo.
—¿Qué quiere decir, señor? —preguntó Hood.
—Quiero decir que tendréis que ser amables y educados. Por eso os he elegido. Un Bobby Hogan o un Joe Dickie lo harían sin delicadeza. Pero interrogando sin miramiento, las personas no recuerdan las cosas. Hay que hacerlo despacio y bien, como dice la canción —añadió mirando a Wylie.
A sus espaldas vio que el capataz cruzaba la puerta de las obras poniéndose el casco, le seguía Linford con el casco en la mano y mirando a todas partes, buscando a Rebus. Al verle, se acercó.
—¿Falta alguna herramienta? —preguntó Rebus.
—Alguna cosilla —contestó Linford—. ¿Hay alguna novedad de los grupos que buscan el arma? —añadió señalando con la cabeza hacia una zona que rastreaban policías de uniforme.
—No lo sé —contestó Rebus—. No he hablado con ellos.
Linford le miró de hito en hito.
—Pero de tomarte un té sí has tenido tiempo —dijo.
—He querido invitar a mis subalternos.
—Crees que esto es una pérdida de tiempo, ¿verdad? —dijo Linford sin dejar de mirarle.
—Sí.
—¿Puedes decirme por qué? —replicó Linford cruzando los brazos.
—Porque es hacer las cosas al revés —contestó Rebus—. ¿Qué más da cómo entró ni con qué lo mataron? Tú eres como esos jefes de oficina que se inquietan por cuatro clips mientras se amontona el trabajo en las mesas del personal.
Linford miró su reloj.
—Es un poco temprano para que te pongas así —comentó como en broma para que los demás lo oyeran.
—Puedes interrogar al capataz cuanto quieras —prosiguió Rebus— pero aunque descubras que falta un martillo, ¿qué más vas a averiguar? Hay que afrontar los hechos: el que mató a Roddy Grieve sabía lo que se hacía. Si lo que sucedió fue que sorprendió a alguien robando pizarras, no digo que no le atizaran, pero lo más verosímil es que a continuación salieran por piernas; no iban a entretenerse, ni mucho menos, golpeándole en el suelo. El conocía al asesino y no entró aquí por casualidad. La clave está en lo que representaba o en una doble vida. En eso hemos de centrarnos —hizo una pausa al ver que los obreros de la cola les miraban.
—Fin de la lección —dijo Ellen Wylie ocultando una sonrisa con el vaso.
10
La secretaria electoral de Roddy Grieve se llamaba Josephine Banks. Sentada en un cuarto de interrogatorios de Saint Leonard explicó que conocía a Grieve desde hacía cinco años.