Back En la oscuridad Save as PDF
Contents ( 3)
  1. PRIMERA PARTE
  2. SEGUNDA PARTE
  3. TERCERA PARTE

Sin embargo, él pareció relajarse un poco.

—La casa es también muy rara —dijo él como si no hubiese dejado de pensar en la familia Grieve—. La tienen llena de cuadros, revistas y libros y la madre del difunto vive sola, aunque en mi opinión mejor estaría en un asilo al cuidado de alguien.

—La madre es pintora, ¿no?

—Era. No creo que siga pintando.

—He leído en los periódicos que sus obras se cotizan bastante.

—A mí me parece que está algo gaga, pero claro, acaba de perder a un hijo y no soy quién para juzgar —añadió preguntándole con la mirada qué tal lo estaba haciendo. Vio que ella le animaba con los ojos a continuar—. También estaba Cammo Grieve.

—Dicen que es un calavera.

—Yo le encontré algo gordo —replicó Linford aturdido. —No que sea una calavera, sino un mujeriego de poco fiar.

Ella sonrió pero él se tomó en serio la afirmación.

—Ah, sí, poco de fiar, claro —repitió pensativo—. A saber de qué hablaban ellos.

—¿Quiénes?

—Rebus y Lorna Grieve.

—De música rock —dijo Siobhan recostándose en el respaldo de la silla para que la camarera sirviera el vino.

—Pues sí, hablaron un buen rato —dijo Linford mirándola fijamente—. ¿Cómo lo sabías?

—Es que ella se casó con un productor discográfico y a John le encanta ese mundillo. Conectaron de inmediato.

—Ahora comprendo que seas del DIC.

Ella se encogió de hombros.

—Es seguramente el único que yo conozco que pone Wishbone Ash en los servicios de vigilancia.

—¿Quiénes son Wishbone Ash?

—¿Lo ves?

Después del primer plato Siobhan volvió a preguntarle sobre el caso Roddy Grieve.

—Estamos hablando de una muerte sospechosa, ¿verdad?

—No se ha hecho aún la autopsia, pero es sospechosa, desde luego, porque no se suicidó ni parece accidente.

—Un político asesinado —comentó Siobhan chasqueando la lengua.

—Todavía no había entrado en política. Simplemente era un analista de inversiones candidato al Parlamento.

—Lo que dificulta aún más discernir el móvil del crimen. Linford asintió con la cabeza.

—Pudo ser un cliente resentido por una mala inversión de Grieve.

—Sin contar a los candidatos relegados por el partido en el nombramiento.

—Tienes razón; la rivalidad es muy fuerte.

—Y no hay que olvidar la familia a que pertenecía.

—Es una manera de hacerles daño —añadió Linford, todavía asintiendo.

—O quizá sólo estaba en el lugar equivocado, etcétera.

—¿Que se le hubiese ocurrido ir a echar una ojeada a la sede parlamentaria, lo atracaron y el asunto se les fue de las manos? —dijo Linford con un bufido—. Hay muchos móviles posibles.

—Que habrá que considerar.

—Sí —dijo Linford no muy contento ante la perspectiva—. Va a ser un trabajo largo y difícil.

Por el tono, parecía que trataba de convencerse de que aquello valía la pena.

—Entre tú y yo, en John se puede confiar, ¿no?

Siobhan reflexionó un instante y asintió despacio con la cabeza.

—Cuando hace presa en algo no lo suelta —añadió.

—Eso me han dicho, que no sabe aflojar la mano —su comentario no sonó precisamente a elogio–El ayudante del jefe de policía quiere que yo dirija el caso. ¿Cómo crees que se lo tomará John?