Back En la oscuridad Save as PDF
Contents ( 3)
  1. PRIMERA PARTE
  2. SEGUNDA PARTE
  3. TERCERA PARTE

—Sí, pero no creo que Hugh la conozca. Él eligió el nombre por otra razón. ¿Conoce a Donald Cammell?

Rebus se quedó en blanco.

—Ese director de cine que hizo Performance.

—Ah, sí, claro.

—Nació allí.

—¿En la Cámara Obscura?

Lorna Grieve asintió con la cabeza y le dirigió una sonrisa casi cálida.

Linford carraspeó.

—Yo conozco la Cámara Obscura —dijo—. Impresiona verla.

Se hizo un silencio y Lorna Grieve volvió a sonreír a Rebus.

—Él no tiene la menor idea de lo que estamos hablando, ¿verdad, Hombre mono?

Rebus asintió con la cabeza y en ese momento regresó Cammo. Se quitó el abrigo y se quedó en chaqueta. No hacía mucho calor allí, pensó Rebus. Aquellas casas antiguas tenían calefacción central pero no había doble vidrio en las ventanas, sus techos eran altos y siempre había corrientes. Tal vez no fuera mala idea devolver al pequeño bar su uso primitivo.

—Perdonen la interrupción —dijo Cammo—. Por lo visto a Tony Blair le afectó la noticia.

—Tony Blair —resopló Lorna—. No me fío de él ni un pelo —miró a su hermano—. Seguro que ni te conoce. Roddy habría sido un parlamentario dos veces mejor que tú. ¡Él, además, tuvo las agallas de presentarse al parlamento escocés para poder hacer algo desde allí!

El tono de su voz subió, lo mismo que el color a las mejillas de su hermano.

—Lorna, no te alteres —dijo.

—¡Conmigo no te pongas paternalista!

El diputado les miró intentando convencerles de que allí no había nada de qué preocuparse, nada que le importase al mundo exterior.

—Lorna, verdaderamente creo...

—¡Todo cuanto ha sucedido estos años en nuestra familia es culpa tuya! —prosiguió ella casi histérica—. ¡Papá hizo lo imposible por odiarte!

—¡Basta!

—¡Y pensar que el pobre Roddy aspiraba a ser como tú! Y luego lo de Alasdair...

Cammo Grieve alzó la mano en un amago de bofetada pero ella se apartó hacia atrás chillando. De improviso apareció alguien en la puerta; temblaba levemente y se apoyaba en un bastón negro. A su espalda, en el vestíbulo, había otra figura sujetándose el cuello de la bata.

—¡Callaos ahora mismo! —gritó Alicia Grieve golpeando con fuerza en el suelo con el bastón.

Detrás de ella, Seona Grieve parecía una imagen de alabastro sin sangre en las venas.

8

—Ni siquiera sabía que aquí había un restaurante —dijo Siobhan mirando a su alrededor—. Huele a pintura.

—Es que sólo lleva abierto una semana —dijo Derek Linford sentándose frente a ella.

Estaban en el restaurante Tower, en la última planta del Museo de Escocia de Chambers Street. Tenía terraza, pero nadie cenaba al aire libre en una noche de diciembre. Su mesa, junto a la ventana, tenía vistas al juzgado y al castillo y permitía apreciar el brillo de la escarcha en los tejados.

—Es el mismo dueño del Witchery —añadió él.

—Sí que hay gente —dijo Siobhan mirando las otras mesas—. A aquella mujer la conozco. ¿No es la de los artículos gastronómicos del periódico?

—Nunca los leo.