Back En la oscuridad Save as PDF
Contents ( 3)
  1. PRIMERA PARTE
  2. SEGUNDA PARTE
  3. TERCERA PARTE

Y si nadie llegaba... esperaba uno sentado. No podías salir hasta que alguien no pisaba el umbral porque traía mala suerte. Una tía suya estuvo dos días recluida en casa porque todo el mundo la creía en casa de su hija. En la calle todo eran villancicos, apretones de mano, saludos, copas y votos porque el nuevo año fuese mejor.

Los buenos tiempos. Ahora Rebus era mayor y había salido del Swany's hacia casa a las once. Recibiría solo al Año Nuevo y saldría al día siguiente aunque nadie hubiese cruzado su puerta. Pasaría incluso bajo una escalera de mano y pisaría todas las grietas del suelo.

Sólo para demostrar que podía hacerlo.

Había dejado el coche una calle más allá de Arden Street porque junto a su casa no había sitio. Abrió el maletero y sacó la bolsa con una botella de Macallan, seis de Bellhaven Best, patatas fritas picantes y cacahuetes tostados. Tenía una pizza en el congelador y filetes de lengua en la nevera. No podía quejarse. Además, le esperaba la audición del White álbum. El Año Nuevo podía iniciarse con cosas peores.

Allí había una a la puerta de su casa: Cafferty.

—¡Fíjese cómo estamos! —dijo Cafferty abriendo los brazos—. ¡Solitos en una noche como ésta!

—Habla por ti.

—Ah, sí, hombre —dijo Cafferty asintiendo con la cabeza—, había olvidado que usted celebra la mejor fiesta del año con una panda de chicas guapas perfumadas y en minifalda que está a punto de llegar —hizo una pausa—. Por cierto, feliz Navidad —añadió tratando de entregar algo a Rebus, quien no le hizo ni caso.

Algo pequeño y reluciente.

—¿Un paquete de cigarrillos?

—Un impulso que tuve —dijo Cafferty encogiéndose de hombros.

Rebus tenía en casa tres paquetes.

—Quédatelos —dijo—. A ver si hay suerte y te dan cáncer.

Cafferty hizo un chasquido con la lengua. A la luz naranja de las farolas su cara parecía enorme y redonda como una luna.

—He venido para que demos una vuelta en coche.

—¿Una vuelta? —preguntó Rebus mirándole.

—¿Qué prefiere, Queensferry, Portobello...?

—¿Cuál es ese asunto tan urgente? —replicó Rebus dejando las bolsas en el suelo con un tintineo de botellas.

—Bryce Callan.

—¿Qué pasa con Callan?

—No puede inculparle, ¿verdad? —Rebus no contestó—. Ni lo conseguirá. Y tampoco he visto muy preocupado a Barry Hutton.

—¿Y qué?

—Que a lo mejor puedo ayudarle.

Rebus cambió el peso de un pie a otro..

—No sé por qué ibas a hacerlo.

—Tengo mis motivos.

—¿No los tenías hace diez días cuando te lo pedí?

—Quizá no me lo pidió como es debido.

—Pues mira lo que te digo: mis modales no han mejorado.

Cafferty sonrió.

—No es más que un paseo en coche, Hombre de paja. Puede tomarse un trago y, mientras, me explica los detalles del caso.

Rebus entornó los ojos.

—Proyectos de ampliación del negocio inmobiliario, ¿no? —musitó.

—Resulta más fácil si se hace con un negocio en marcha —dijo Cafferty.

—¿La empresa de Barry Hutton? Yo le encierro y tú entras en escena. No creo que al señor Bryce le haga demasiada gracia.