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—Te conozco, John, y sé que no eres de los que trabajan en equipo.
—¿Qué idea tienes del trabajo en equipo dejándome al margen?
—Escucha, tal vez tengas razón pero no es para ponerse así.
—El caso es nuestro.
Linford abrió la portezuela de su BMW reluciente, aunque era de la serie 3, de momento no estaba mal para él.
—¿En qué sentido?
—Porque como lo encontramos nosotros, es del CCSPP.
—Pero no está incluido en nuestras competencias.
—Venga, hombre. ¿Quién va a reclamarlo? ¿Tú crees que es admisible para el Parlamento que aparezca un cadáver en su sede?
—Es un asesinato de hace veintitantos años y no creo que a los políticos les vaya a quitar el sueño.
—Quizá no, pero la prensa se abalanzará sobre el caso dándole todo el aura de escándalo que puedan por el pasado siniestro de Holyrood, un Parlamento ensangrentado...
Linford resopló, pero reflexionó un instante y finalmente sonrió.
—¿Siempre eres tan tozudo?
—Yo opino que Mojama es un caso nuestro.
Linford cruzó los brazos. Rebus sabía que estaba pensando que por tratarse de una investigación relacionada con el Parlamento era un buen camino para conocer a gente importante.
—¿Cómo lo enfocamos? —preguntó Linford.
Rebus apoyó una mano en el guardabarros del BMW pero la retiró al ver cómo le miraba Linford.
—¿Cómo fue a parar a la chimenea? Hace veinte años el lugar era un hospital y es de suponer que no se podría entrar por las buenas a derribar una pared y meter allí detrás un cadáver.
—¿Porque lo habrían advertido los pacientes?
Entonces fue Rebus quien sonrió.
—Porque habrían tenido que escarbar mucho —dijo.
—Tu fuerte, según tengo entendido.
—Ya no —contestó Rebus negando con la cabeza.
—¿Qué quieres decir?
Rebus pensaba en sus fantasmas, pero no iba a explicárselo.
—¿Y Grant Hood y Ellen Wylie? —preguntó por cambiar de tema.
—¿Querrán aceptar?
—No les queda más remedio. ¿No has oído hablar de la jerarquía?
Linford asintió pensativo y subió al coche, pero la mano de Rebus le impidió cerrar la puerta.
—Otra cosa. Siobhan Clarke es amiga mía y quien la moleste me molesta a mí.
—No me digas. Debes de ser temible cuando te enfadas —replicó Linford sonriendo de nuevo pero con frialdad—. No creo que Siobhan te agradezca que salgas en su defensa, y menos cuando todo es pura imaginación tuya. Adiós, John.
Linford puso el motor en marcha, dejándolo al ralentí para atender una llamada del móvil. Transcurrido unos segundos miró a Rebus y bajó el cristal de la ventanilla.
—¿Dónde has dejado el coche?
—Dos filas más atrás.
—Pues sígueme —dijo Linford que cortó la comunicación y dejó el móvil en el asiento del copiloto.
—¿Por qué? ¿Qué ha sucedido?
—Han encontrado otro cadáver en Queensberry House —dijo acariciando el volante con las dos manos y mirando el parabrisas—. Pero éste es más reciente.
6
El viernes anterior habían pasado por delante de aquel cenador. Era una de esas casas de madera endeble, había pertenecido al hospital y se hallaba en los jardines, cerca del cerezo de Su Majestad; como el árbol, su destino era desaparecer, y provisionalmente se utilizaba de almacén, aunque como no guardaban nada de valor no tenía candado en la puerta, algo que de poco hubiese servido ya que casi todas las ventanas estaban rotas.