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—Muy arriesgado puesto que ello dependía en primer lugar del resultado del referéndum.
—Sí, pero al principio el asunto parecía claro. Sólo se amañó después porque el gobierno quería asegurarse de que no prosperase.
—De manera que Callan se vio con todos esos terrenos que no iban a revalorizarse.
—No es que perdieran valor; él quiso echarnos la culpa de todo. Como si nosotros hubiésemos manipulado los votos —añadió Grieve riendo.
—¿Y qué sucedió?
—Bueno... Freddy había apañado las cifras para justificar ante Callan un coste mayor de los terrenos, pero él lo descubrió y reclamó la diferencia más lo que se había pagado de fianza.
—¿Envió a alguien para esa reclamación?
—A un tal Mackie —contestó Grieve dando unos golpecitos en la foto—. Un matón de lo peorcito —dijo Grieve frotándose las sienes—. Dios, no sabe qué extraño resulta hablar de todo esto por fin...
—¿Mackie? —repitió Rebus—. ¿De nombre Chris?
—No, Chris, no; Alan o Alex... creo. ¿Por qué?
—Mackie es el apellido que adoptó Freddy. —«¿Por remordimiento?», pensó Rebus—. Bien, ¿cómo acabó Mackie muerto?
—Vino a asustarnos para que devolviésemos el dinero, y, como le digo, era de cuidado, pero a Freddy le acompañó la suerte. Tenía un puñal en el cajón del escritorio, una especie de abrecartas, que se llevó como arma a la cita que teníamos con Callan aquella noche para aclarar las cosas, en el aparcamiento de Cowgate. Fuimos muertos de miedo.
—¿Y a pesar de ello acudieron?
—Nos planteamos huir... pero al final fuimos a la cita porque era difícil dejar plantado a Bryce Callan. Pero él no fue y nos encontramos con ese Mackie; a mí me dio un par de puñetazos de los que aún conservo secuelas en un oído. Después se volvió hacia Freddy. Tenía una pistola, me golpeó con la culata. Yo pensé que Freddy saldría peor parado, vamos, estoy seguro... porque era quien llevaba la gestión y Callan lo sabía. Pero le juro que fue en defensa propia. Vamos, no creo que tuviera intención de matar a Mackie, sino... —se encogió de hombros— sólo detenerle, supongo.
—Y le apuñaló en el corazón —añadió Rebus.
—Sí —dijo Grieve—. Nos dimos cuenta en el acto de que lo había matado.
—¿Y qué hicieron?
—Metimos el cadáver en su propio coche y huimos. Sabíamos que era mejor separarse porque si no Callan nos mataría.
—¿Y el dinero?
—Yo le dije a Freddy que no quería saber nada y él propuso que nos encontrásemos justo un año después en un bar de Frederick Street.
—¿Usted no acudió a la cita?
Grieve negó con la cabeza.
—Yo ya había asumido otra personalidad en un lugar que me gustaba y en el que comenzaba a adaptarme.
«También Freddy había viajado a muchos sitios según le había contado a Dezzi», pensó Siobhan.
Justo un año después, al no aparecer Alasdair, fue cuando Freddy Hastings llevó el dinero a una caja de ahorros de George Street, a cuatro pasos de Frederick Street, y abrió una cuenta a nombre de C. Mackie...