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—No tengo por qué darle explicaciones.
—No, claro, por supuesto; es que... —balbució desconcertado.
—Más vale que acuda a esa reunión.
En aquel momento se movió la puerta giratoria y salió Barry Hutton abrochándose la americana. Linford lo conocía por los periódicos.
—De todas maneras, ya me marchaba —añadió Hughes sonriente dándole a la llave de contacto—. Tiene todo el sitio a su disposición.
Hughes se apartó y en ese momento fue cuando reparó en Hutton, que abría su coche, un Ferrari rojo.
—Me cago en la leche, Nic, tenías que estar arriba.
—Voy ahora mismo, Barry.
Hutton miró a Linford, frunció el entrecejo y chasqueó la lengua.
—¿Permites que te quiten el sitio, Nic? No eres lo que yo pensaba —dijo Hutton sonriente subiendo al Ferrari, pero volvió a bajar y se acercó al BMW.
«Lo he fastidiado todo —pensó Linford—. Ahora me conoce y sabe el coche que llevo. Seguirlo va a ser de pesadilla... No hagas que se sulfuren... Quédate con la cara de la gente.» Bueno, tenía la cara del conductor del Cosworth y el premio de un Barry Hutton de pie junto al BMW apuntándole con el dedo.
—Es usted un poli, ¿verdad? No sé por qué pero se les nota aunque lleven un coche así. Escuche, ya hablé con los otros dos y no tengo más que decir, ¿de acuerdo?
Linford asintió despacio con la cabeza. «Los otros dos»: Wylie y Hood.
—Muy bien —añadió Hutton dando media vuelta.
Linford y Hughes le vieron poner en marcha el motor del Ferrari con su ruido sordo como el que hacen las monedas en la banca y Hutton arrancó dejando una estela de polvo en el aparcamiento.
Hughes seguía mirando a Linford y éste le sostuvo la mirada.
—¿Desea algo? —le preguntó.
—¿Qué es lo que pasa? —replicó el hombre a duras penas. Linford movió la cabeza por la pírrica victoria y metió la marcha. Se alejó despacio del aparcamiento pensando en si valía la pena seguir de cerca a Hutton. Miró a Hughes por el retrovisor. Había algo raro en aquel hombre. No se había tranquilizado al ver su identificación, más bien se había asustado.
¿Tendría algo que ocultar? Era gracioso cómo hasta los curas sudaban cuando se las veían con un poli. Pero aquel tipo... No, no se parecía en nada al de la descripción. De todos modos..., de todos modos...
En el semáforo de Lothian Road vio el Ferrari de Barry Hutton tres coches por delante del suyo. Linford decidió que no tenía nada que perder.
33
Big Ger Cafferty estaba solo aparcado delante del edificio de Rebus en su Jaguar XK8 gris metalizado. Rebus cerró el coche fingiendo no haberlo visto, se dirigió al portal y oyó el zumbido eléctrico del elevalunas del Jaguar.
—He pensado que podíamos dar otra vuelta —oyó decir a Cafferty.
Rebus no hizo caso, abrió el portal y entró. En cuanto se hubo cerrado la puerta tras él se quedó ante la escalera sin saber qué hacer. Volvió a salir a la calle y vio a Cafferty, de pie, apoyado en el Jaguar.