Back En la oscuridad Save as PDF
Contents ( 3)
  1. PRIMERA PARTE
  2. SEGUNDA PARTE
  3. TERCERA PARTE

—Sí, es cierto —gruñó Clarke.

Rebus miró a su jefe.

—Señor, invito a una ronda. ¿Le apetece un trago?

Watson consultó el reloj.

—Bien, sólo uno —dijo—. Y unos caramelos de menta para el camino... Mi esposa me huele el aliento a alcohol a diez metros.

Rebus puso las bebidas en la mesa ayudado por Hood. Wylie tomó una Coca–cola, Hood, una jarra de cerveza y Rebus, media y «medio». Watson se tomó un whisky y Siobhan Clarke un vino tinto. Brindaron.

—Por el trabajo en equipo —dijo Wylie.

El Granjero carraspeó.

—Por cierto, ¿no tendría Derek que estar aquí?

Rebus rompió el silencio.

—El inspector Linford sigue una línea de investigación propia basada en la descripción del posible asesino de Grieve. El comisario le miró a la cara.

—El trabajo en equipo debe responder a esa definición.

—No hace falta que me lo diga, señor; yo suelo ser el que se queda descolgado.

—Porque quiere —replicó Watson—, no porque se le deje.

—Entendido, señor —dijo Rebus.

—Realmente ha sido culpa mía, señor —dijo Clarke dejando el vaso—, por haberme enfurecido de tal manera. John consideró simplemente que habría menos tensión no estando el inspector Linford.

—Lo sé, Siobhan —dijo Watson—, pero quiero que se aprecie también el trabajo de Derek.

—Yo hablaré con él, señor —dijo Rebus.

—Bien —siguieron un instante sentados sin decir nada—. Siento haber tenido que aguar la fiesta —dijo al final Watson apurando el whisky y anunciando que tenía que marcharse.

Pero antes pagó él otra ronda.

Ellos le dijeron que no se molestara pero él se empeñó, y una vez que se fue se sintieron más relajados. Quizá por efecto del alcohol.

Tal vez.

Hood llevó un juego de damas del bar y se puso a jugar con Clarke. Rebus dijo que él no jugaba nunca.

—Mi problema es que soy mal perdedor.

—Yo lo que odio es un mal ganador —dijo Clarke— de ésos que te lo restriegan por las narices cuando ganan.

—Pierde cuidado, seré amable contigo —dijo Hood.

El muchacho estaba realmente venciendo la timidez, pensó Rebus viendo como su adversaria Siobhan le comía varias fichas conservando indemne su primera fila.

—Qué bruta —comentó Wylie por consolar a Hood pasándole una mano por el pelo.

Para la segunda partida Wylie ocupó el sitio de Hood y éste se sentó frente a Rebus, apuró la primera jarra y cogió la que había pagado el comisario.

—Salud —dijo dando un sorbo. Rebus alzó su vaso—. Yo no puedo beber whisky porque me da una resaca tremenda —confesó el joven.

—A mí también, a veces —admitió Rebus.

—Entonces, ¿por qué lo bebe?

—Por aquello del placer antes de la penitencia. Es una máxima calvinista —Hood le miró con cara de no entender nada—. No tiene importancia —añadió él.

—Lo hizo todo mal, ¿sabéis? —dijo Siobhan Clarke mientras Wylie se pensaba la ficha que iba a mover.

—¿Quién?

—Callan. Por servirse de una empresa tapadera para sus planes, cuando había un medio mejor.

Wylie miró a Rebus y a Hood.