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—¿Dinero? —preguntó Callan también intrigado.
—Sí, señor, bastante dinero para el que buscamos un destinatario.
Desde la puerta miraban atentos porque Rebus no les había explicado qué estrategia pensaba utilizar.
—Bueno, amigo, pues no busque más —comentó Callan riendo.
—¿De qué cantidad hablamos? —preguntó el abogado.
—Una cantidad muy superior a la que la que el señor Callan abonará por sus servicios de hoy —respondió Rebus. Se volvió a oír la risa de Callan y Watson le dirigió una mirada de advertencia: no convenía liar innecesariamente a gente como el gran C; pero Rebus estaba absorto fumando—. Cuatrocientas mil libras —añadió.
—Una suma nada despreciable —comentó Milligan.
—Creemos que el señor Callan podría reclamarla —añadió Rebus.
—¿De qué manera? —preguntó Callan en tono receloso.
—Pertenecía a un tal Freddy Hastings —prosiguió Rebus— por el simple hecho de que la llevaba en una cartera. En aquel entonces el señor Hastings era promotor inmobiliario y trabajó para Parcelas ad adquiriendo terrenos cerca de Calton Hill. Hablo de finales del setenta y ocho y principios del setenta y nueve, antes del referéndum.
—En el que si el resultado hubiese sido el «sí» esos terrenos habrían valido una fortuna —comentó Milligan.
—Posiblemente —dijo Rebus.
—¿Qué tiene esto que ver con mi cliente?
—En sus últimos años el señor Hastings fue un mendigo.
—¿Con todo ese dinero?
—Sólo caben dos hipótesis de por qué no lo gastó; que lo guardase por cuenta de alguien o que temiera algo.
—O que estaba chalado —añadió Callan, pero era simple disimulo porque Rebus notó que se lo estaba pensando.
—La cuestión es que Parcelas ad, de la que pensamos que el señor Callan era el socio principal, utilizaba al señor Hastings para las subastas de compras de terrenos.
—¿Y creen que Hastings robó el dinero?
—Es una hipótesis.
—¿La suma pertenecería a Parcelas ad?
—Es posible. El señor Hastings no tiene herederos ni ha dejado testamento. Si no la reclama nadie pasará a Hacienda.
—Sería una gran lástima —dijo Milligan—. ¿Qué opina, Bryce?
—Ya se lo he dicho, yo sólo tenía algunas acciones en Parcelas ad.
—¿Quiere añadir algo más a esa afirmación? ¿Alguna aclaración?
—Bueno, ya que lo dice, quizá no fueran tan pocas.
—¿Hizo negocios con el señor Hastings? —inquirió Rebus.
—Sí.
—¿Utilizó su empresa como pantalla para poder comprar terrenos?
—Es posible.
—¿Por qué?
—¿Por qué, qué?
—Usted ya tenía una empresa, Parcelas ad. De hecho, tenía docenas de empresas.
—Si usted lo dice...
—¿Qué necesidad tenía de utilizar a Hastings?
—Adivínelo.
—Mejor que me lo aclare usted.
—¿Por qué habría de hacerlo, inspector? —interrumpió Milligan.
—Señor Milligan, tenemos que saber con certeza si el señor Callan y Freddy Hastings eran socios comerciales. Necesitamos alguna prueba que sirva para corroborar la lógica de que ese dinero pudo haber sido del señor Callan.
—Bryce, ¿algún comentario? —preguntó Milligan pensativo.
—Bueno, la verdad es que él se quedó con el dinero y se largó.
Rebus hizo una pausa.
—Lo denunció a la policía, claro.
—Sí, hombre...
—¿Por qué no?