Back En la oscuridad Save as PDF
Contents ( 3)
  1. PRIMERA PARTE
  2. SEGUNDA PARTE
  3. TERCERA PARTE

—Siempre hay que pasar por un aprendizaje, John —le dijeron a Rebus—, esos tipos no nacen con ciencia infusa, y si no aprenden bien van a la cárcel una y otra vez.

Pero Cafferty aprendió rápido y bien. Una vez en Edimburgo, tanto asociado con Bryce Callan como después al establecerse por cuenta propia, mostró claramente que no cometía errores.

Hasta que se topó con John Rebus.

Ahora había vuelto y Callan, su antiguo jefe, estaba relacionado con el caso. Rebus hacía inútiles esfuerzos por establecer un vínculo.

La conclusión era que a finales del setenta y nueve Callan tiró la toalla. O, dicho de otra manera, se marchó a un país extranjero fuera de las leyes de extradición inglesas. ¿Por qué tenía dinero de sobra? ¿O porque le preocupaba algo..., algún crimen que podía volverse contra él?

—Es Bryce Callan —dijo Rebus—. Tiene que ser él.

—Lo que nos plantea un pequeño problema —comentó Siobhan.

Sí, demostrarlo.

31

Les ocupó la mayor parte del día siguiente, jueves, organizarlo todo después de rastrear informes sobre empresas y efectuar llamadas. Rebus habló una hora larga con Pauline Carnett, su contacto en el Servicio Central de Inteligencia Criminal, y otra hora con un ex director jubilado que durante ocho años sucesivos trató en los setenta inútilmente de meter en la cárcel a Bryce Callan. Poco después Pauline Carnett le llamó de nuevo, tras ponerse en contacto con Scotland Yard y la Interpol, y le dio un número de teléfono en España con el prefijo 950 de Almería.

—Estuve allí una vez de vacaciones —comentó Grant Hood—, pero había tanto turista que acabamos yendo de excursión a Sierra Nevada.

—¿Acabamos? —inquirió Ellen Wylie alzando una ceja.

—Mi acompañante y yo —musitó Hood ruborizándose al tiempo que Wylie y Siobhan intercambiaban un guiño y una sonrisa.

Tendrían que poner la conferencia desde el despacho del jefe porque sólo allí había teléfono con altavoz. Además, tenían prohibidas las llamadas internacionales en las otras dependencias de la comisaría. Watson estaría presente y habría poco sitio en el despacho, por lo que se decidió grabar la conversación si accedía el interrogado y que los tres agentes más jóvenes se quedaran en el pasillo.

Rebus envió a Siobhan Clarke y a Ellen Wylie como equipo negociador ante Watson, cuyas dos primeras preguntas fueron:

—¿Dónde está el inspector Linford? ¿Es que no cuentan con él?

Aleccionadas por Rebus, solventaron lo de Linford con una excusa y lograron vencer la resistencia del jefe.

Cuando todo estuvo preparado, Rebus se sentó en la silla del comisario y marcó el número. El propio Watson estaba sentado frente a la mesa en la silla que generalmente ocupaba Rebus.

—Procure no acostumbrarse —comentó.

En cuanto descolgaron al otro extremo de la línea y se oyó una voz de mujer en español, Rebus pulsó el botón de grabación.

—¿Podría hablar con el señor Bryce Callan, por favor?

Se oyó una frase en español, Rebus repitió el nombre y finalmente la mujer dejó el aparato.

—¿Será una asistenta? —comentó.