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—¿Qué quiere que hagamos ahora? —preguntó Wylie.
—Llevadlo a Saint Leonard. Lo metéis en el cuarto de interrogatorios que os dieron como despacho —dijo Rebus.
—¿Para que no lo vea nadie más? —aventuró Siobhan.
Rebus la miró. Tenía las mejillas sonrosadas de frío y la nariz húmeda. Llevaba unas botas bajas con calcetines sobre los leotardos negros de lana y una bufanda gris claro acentuaba el arrebol de sus mejillas.
—¿Hay dos coches? —preguntó Rebus y ellas asintieron con la cabeza—. Cargadlo todo y nos vemos en la comisaría, ¿de acuerdo?
Salió y se dirigió al sector sur del aparcamiento. Estaba fumando un cigarrillo en el coche cuando llegó Watson en su Peugeot 406.
—¿Le importa a usted que hablemos un momento? —dijo Rebus a guisa de saludo.
—¿Aquí, con el frío que hace? —replicó Granjero Watson alzando la cartera para consultar el reloj—. Tengo una reunión a las doce.
—Es sólo un minuto.
—Muy bien. Venga a mi despacho cuando acabe de fumar.
Watson se dirigió al interior y cerró la puerta. Rebus apagó el cigarrillo y fue tras él.
Watson estaba enchufando la máquina de café cuando Rebus llamó a la puerta abierta. Alzó la vista y le indicó que pasara.
—Tiene mala cara, inspector.
—Es que estuve trabajando hasta tarde.
—¿En qué?
—En el caso Grieve.
Watson volvió a mirarle.
—¿De verdad?
—Sí, señor.
—Pero, según tengo entendido, se está ocupando también de los otros.
—Es que creo que son casos relacionados.
Una vez enchufada la máquina, Watson fue a sentarse a su mesa y le dijo a Rebus que tomara asiento, pero él permaneció de pie.
—¿Se hacen progresos en el caso?
—Vamos avanzando, señor.
—¿Y el inspector Linford?
—Está indagando unas pistas.
—Pero ¿siguen ustedes en contacto?
—Totalmente, señor.
—¿Y Siobhan se mantiene alejada de él?
—El se mantiene alejado de ella.
El comisario no parecía muy contento.
—No cesan su bombardeo.
—¿Los de Fettes?
—Y los de más arriba. Esta mañana me han llamado del despacho del Ministerio, pidiendo resultados.
—Es duro realizar una campaña electoral con una investigación de homicidio pendiente —comentó Rebus.
El Granjero le miró fríamente.
—Me lo dijo casi con esas mismas palabras. Bueno, ¿de qué se trata? —agregó entornando un instante los ojos.
—De Cafferty, señor —contestó Rebus sentándose con los codos apoyados en las rodillas.
—¿Cafferty? —repitió Watson realmente sorprendido—. ¿Qué sucede con Cafferty?
—Que ha salido de la cárcel y está aquí.
—Eso me han dicho.
—Quiero que le vigilen —se hizo un largo silencio mientras Rebus aguardaba algún comentario del comisario—. Porque me parece que deberíamos enterarnos de lo que se trae entre manos.
—Sabe usted que eso no podemos hacerlo sin un motivo justificado.
—¿No es su fama motivo suficiente?
—Abogados y periodistas se frotarían las manos. Además, ya sabe el trabajo que tenemos.
—Más trabajo tendremos si Cafferty se pone en marcha.
—¿En marcha para qué?
—Anoche me tropecé con él —Rebus advirtió la mirada de su jefe—. Por pura casualidad. Bien, pude comprobar que había estado consultando la sección inmobiliaria del Scotsman.