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Al llegar la hora habían vaciado medio garaje y casi todo lo que quedaba eran muebles. Rebus cogió tres cajas de archivadores dispuesto a dedicarles una noche en Saint Leonard. La comisaría estaba tranquila; en esa época del año lo que más había eran carteristas y rateros de tiendas, por la aglomeración en los comercios de Princess Street, donde la clientela con bolsos y carteras se hace notar. A veces, también se daba algún caso de atraco en los cajeros automáticos. Y depresión, había quien decía que era por ser el día más corto y la noche más larga; la gente bebía, se enfadaba, seguía bebiendo y destrozaba todo: ventanas, paradas de autobús, cabinas telefónicas, tiendas y pubs; apuñalaban a sus seres queridos y se cortaban las venas. Era el TAE: trastorno afectivo estacional.
Más trabajo para Rebus y sus colegas. Más trabajo para Urgencias, para los asistentes sociales, los jueces y las cárceles. El papeleo aumentaba a medida que iban llegando las felicitaciones de Navidad. Rebus hacía tiempo que no enviaba tarjetas navideñas pero la gente se empeñaba en seguir con eso: familiares, colegas y hasta algunos de sus amigotes del pub.
El padre Conor Leary siempre le mandaba una, pero aquel año estaba convaleciente; hacía tiempo que no iba a verle. Las camas de hospital le recordaban a su hija Sammy, cuando aún no había recobrado el conocimiento después del accidente que la tenía confinada en una silla de ruedas. A Rebus lo de la Navidad le parecía una farsa en la que todos pretendían estar unidos como si en el mundo no pasara nada. La celebración del nacimiento de un hombre adornada con oropeles y floripondios realizada en una nube de mentiras piadosas y borrachera.
O quizá era su impresión personal.
Examinó todos los papeles de la caja sin precipitarse, haciendo pausas para tomar café y fumar un cigarrillo fuera, en el aparcamiento de la parte trasera de la comisaría. Casi todo era correspondencia comercial aburridísima y había recortes de periódico con anuncios sobre locales comerciales en venta y de alquiler, algunos rodeados por un círculo y otros con dos signos de interrogación al margen. Una vez que hubo identificado la letra de Hastings pudo distinguir las anotaciones de su puño y letra. No tenía secretaria. ¿Dónde encajaba Alasdair Grieve? En las reuniones: siempre aparecía en ellas y en los almuerzos de trabajo el nombre de Alasdair. Quizá fuese una especie de relaciones públicas que gracias a su apellido aportaba algo a la operación. Era el hermano de Cammo, hermano de Lorna, hijo de Alicia..., alguien con quien no desdeñaría sentarse a la mesa un posible cliente.
Volvió adentro para calentarse los pies y siguió sacando papeles de la caja. Poco después tomó un café y dio una vuelta por la planta baja para charlar con el turno de noche en la sala común. Allanamientos de morada, pendencias, riñas familiares, coches robados y destrozados; una alarma antirrobo neutralizada, un desaparecido, un paciente evadido del hospital en pijama. Accidentes de tráfico por el hielo en las carreteras, una denuncia de violación y una agresión grave.