Back En la oscuridad Save as PDF
Contents ( 3)
  1. PRIMERA PARTE
  2. SEGUNDA PARTE
  3. TERCERA PARTE

—Entonces, si no se marchó por cuestión de dinero, ¿por qué sería? —pregunto Siobhan a Rebus al salir del abogado.

—Freddy no se marchó —contestó él.

—Se marchó y volvió —replicó ella—. ¿Y Alasdair? ¿Será el cadáver de la chimenea?

Rebus no dijo nada.

Al abrir Reagan completamente la puerta vieron que aquello era un batiburrillo parecido a una tienda de curiosidades a la que sólo le faltaba una caja registradora.

—Lo colocamos todo divinamente —comentó Reagan en elogio a su labor de almacenaje.

—Dios nos asista —exclamó Siobhan bajando la voz. Al ver que Rebus marcaba un número en el móvil preguntó—: ¿A quién llamas?

Él, sin contestar, irguió la espalda al recibir respuesta.

—¿Grant? ¿Está Wylie contigo? Coge un bolígrafo —añadió con torva sonrisa— que voy a darte una dirección. Hay un trabajito ideal para el equipo de arqueólogos.

Linford estaba sentado en el despacho de Carswell, en Fettes. Daba sorbos al té, en taza y platillo de loza, mientras el jefe atendía una llamada. Cuando terminó de hablar por teléfono, Carswell se llevó la taza a los labios y sopló el té.

—Es un desastre lo de Saint Leonard, Derek.

—Sí, señor.

—Se lo dije a Watson en la cara. Si no es capaz de controlar a sus subordinados...

—Perdone, señor, pero en un caso como éste los ánimos se caldean.

—Es de admirar su actitud, Derek.

—¿Señor?

—Porque observo que no es de los que dejan a un compañero en la estacada aunque se haya portado mal.

—Creo que yo también tengo algo de culpa, señor. A nadie le gusta que venga nadie de fuera a hacerse cargo de una investigación.

—¿Así que ha sido una especie de chivo expiatorio?

—No exactamente, señor —dijo Linford con la vista en su taza.

Veía unas burbujitas aceitosas flotando y no sabía si era por el té, el agua o la leche.

—Podemos trasladar aquí la investigación —dijo Carswell—. Absolutamente toda, si es preciso y utilizaremos agentes de la brigada contra el crimen para...

—Perdone usted, señor, pero ya es demasiado tarde para comenzar desde cero la investigación. Perderíamos mucho tiempo —hizo una pausa—. Y aumentaría una barbaridad el presupuesto.

Carswell tenía fama de ceñirse a los gastos imprescindibles. Frunció el entrecejo y dio un sorbo al té.

—No, eso si que no, si puede evitarse —dijo mirando a Linford—. Prefiere seguir allí, ¿es eso lo que me quiere decir?

—Creo que podremos convencerles, señor.

—Bueno, Derek, sé que usted vale más que la mayoría.

—La mayor parte del equipo es irreprochable —continuó Linford—, pero hay un par de ellos... —añadió dejando la frase en el aire y volviendo a mirar la taza.

Carswell consultó las notas que había tomado en Saint Leonard.

—¿No serán el inspector Rebus y la agente Clarke por casualidad?

Linford guardó silencio sin mirarle a la cara.

—Nadie es irremplazable, Derek —dijo el ayudante del jefe de policía con voz pausada—. Nadie, créame.

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—Lo mismo de costumbre —dijo Wylie al echar un vistazo con Hood a aquel montón de cosas.