Back En la oscuridad Save as PDF
Contents ( 3)
  1. PRIMERA PARTE
  2. SEGUNDA PARTE
  3. TERCERA PARTE

A Seona le parecía a veces que era también afectación. Alicia siempre se las había arreglado para llamar la atención de todo el mundo, sus hijos incluidos, situación que el difunto Allan Grieve sabía paliar poniendo coto a sus excentricidades; pero al morir el marido, Alicia Grieve supo resarcirse de los años de forzada normalidad.

No es que los Grieve fuesen una familia normal, como le había advertido Roddy a Seona la primera vez que salieron, aunque era algo que ella ya sabía. No había casi nadie en Escocia que no supiera algo de los Grieve; pero Seona optó por no tenerlo en cuenta: Roddy era distinto, se dijo. Y se lo repartía a menudo, pero ya sin tanta convicción.

—Podríamos ir a ver la sede del Parlamento —sugirió cuando llegaron al cruce de la calle Saint Mary.

—¡Dios bendito! ¿Para qué? —rezongó Cammo como era de prever.

Alicia frunció los labios y, sin decir palabra, dobló hacia Holyrood Road. Seona contuvo una sonrisa por su pequeño triunfo. Pero, ¿triunfo sobre quién?

Cammo se hizo el rezagado y dejó que las tres mujeres fueran a su paso mientras Hugh se detenía junto a un escaparate para atender otra llamada y Roddy le daba alcance; Cammo constató complacido que él, sin comparación posible, iba mejor vestido y atildado que su hermano pequeño.

—He recibido otra de esas notas —dijo en tono normal.

—¿Qué notas?

—Dios, ¿no te lo dije? Me llegan en la correspondencia al despacho del Parlamento y mi pobre secretaria las abre.

—¿Son amenazantes?

—¿Conoces tú muchos parlamentarios que reciban cartas de admiradores? —replicó Cammo dándole unos golpecitos en el hombro—. Tendrás que acostumbrarte si sales elegido.

—Si salgo elegido —repitió Roddy sonriente.

—Oye, ¿quieres que te explique esto de las puñeteras amenazas o no?

Roddy se detuvo en seco, pero Cammo siguió caminando y tuvo que darle de nuevo alcance.

—¿Te amenazan de muerte?

—No es infrecuente en nuestra profesión —dijo Cammo encogiéndose de hombros.

—¿Qué te dicen?

—Poca cosa. Que voy a morir. Una llevaba incluida una cuchilla de afeitar.

—¿Qué dice la policía?

—Qué ingenuo eres para la edad que tienes, Roddy. —Cammo miró su mano—. Las fuerzas de la ley y el orden, y esto es una lección que te ofrezco gratis, son como un colador roto, sobre todo cuando hay copas de por medio y algún diputado implicado.

—¿Porque filtran la noticia a los medios informativos?

—¡Bingo!

—Pero no acabo de entender...

—Se me echarían encima los periodistas —dijo Cammo aguardando a que sus palabras calasen en su hermano—. Y no tendría vida privada.

—Pero tratándose de amenazas de muerte...

—Será un chalado —dijo Cammo con un bufido—. No merece ni un comentario. Te lo he dicho exclusivamente como advertencia no sea que a ti te pase lo mismo algún día, hermanito.

—Si salgo elegido —replicó Roody con aquella sonrisa tímida que ocultaba una auténtica ambición.

—Si no sales elegido, aplícate el cuento —comentó Cammo y se encogió de hombros, mirando al frente—. Madre va deprisa, ¿verdad?