Contents ( 3)
Era obra de los hombres de Cafferty.
Lo habían hecho simplemente para demostrarle que podían.
Subió al piso, se sirvió un whisky y se sentó en el borde de la cama. Vio que no había mensajes en el contestador. Lorna no había intentado localizarle, y sintió una mezcla de alivio y de decepción. Miró las sábanas y a su mente acudieron recuerdos deslavazados, sin orden ni concierto. Ahora volvía a tener en Edimburgo a su bestia negra dispuesto a recuperar su imperio. Fue a la puerta y echó la cadena, pero se detuvo a medio camino del cuarto de estar.
«¿Qué haces, hombre?»
Volvió sobre sus pasos y la quitó. Cafferty no se andaría con miramientos. Tenía cuentas que saldar y él era una de ellas. No importaba. Cuando Cafferty llegara, le estaría esperando.
21
—Sería mejor abrir la puerta —dijo Ellen Wylie pensando en que habría más sitio para moverse y más luz para ver.
—Nos helaríamos —replicó Grant Hood—. Ya no siento los dedos.
Estaban en el garaje de la casa de Coghill. Era otra mañana gris de invierno y soplaban ráfagas de aire frío que sacudían la puerta de metal. La polvorienta bombilla del techo daba una luz mortecina y sólo a través de un ventanuco lleno de escarcha entraba algo de claridad. Wylie buscaba alumbrándose con una linterna de bolsillo que sostenía entre los dientes y Hood había llevado una bombilla con enchufe de las que usan los mecánicos pero daba demasiada luz y era engorrosa. La había colgado en un estante y más que iluminar arrojaba sombras por todas partes.
Wylie había ido preparada y, aparte de la linterna, llenaba dos termos con sopa y té y se había provisto de botas con calcetines de lana, una bufanda y tenía puesta la capucha de la trenca color verde oliva. Pero se le estaban quedando heladas las orejas y las rodillas porque el calor de la estufa eléctrica de una sola resistencia apenas irradiaba más allá de quince centímetros.
—Iríamos más rápido abriendo la puerta —replicó.
—¿Pero no oyes el viento que hace? Se nos volaría todo.
La señora Coghill, preocupada por ellos, les llevó café y galletas; el único consuelo que tenían eran las interrupciones para ir al váter, y al entrar en la casa, con calefacción central, les daban ganas de quedarse dentro. Grant hizo un comentario sobre la última incursión de Wylie al interior y ella le replicó que no sabía que la controlaba.
La discusión sobre la puerta había sido después.
—¿Has encontrado algo? —preguntó él por enésima vez.
—Lo sabrías de inmediato —contestó ella entre dientes.
De nada servía no hacerle caso porque él volvería a preguntar.
—Lo que hay aquí es muy reciente —protestó Hood dando un manotazo a un montón de papeles que había sobre una caja de té, que cayeron al suelo.
—Vaya manera de buscar —musitó Wylie pensando en que si sacaban fuera lo revisado tendrían más sitio y de paso sabrían lo que estaba acabado... Pero se volaría todo.