Back En la oscuridad Save as PDF
Contents ( 3)
  1. PRIMERA PARTE
  2. SEGUNDA PARTE
  3. TERCERA PARTE

—No olvides el nuevo museo.

—¿Qué puede interesarme un museo a mí? —replicó Cafferty mirándole y tendiendo la mano para que Rebus le pasara la botella. Rebus dio un sorbo y se la entregó.

—Me da la terrible impresión de que has salido en plan legal —dijo al fin Rebus.

Cafferty hizo un guiño.

—¿Cómo te las arreglaste?

—Te seré sincero, Hombre de paja. Creo que al director no le gustaba que fuese yo quien organizaba el cotarro. A él le pagan para eso, y sus funcionarios respetaban más a Big Ger que a él —dijo echándose a reír—. El director pensó que fuera estorbaría menos.

—Lo dudo —replicó Rebus mirándole.

—Bueno, tal vez estés en lo cierto. Digamos que el buen comportamiento y un cáncer incurable inclinaron la balanza. ¿Sigues sin creértelo? —añadió mirando a Rebus.

—Quiero hacerlo.

—Sabía que podía contar con tu buena disposición —dijo Cafferty riendo otra vez y dando unos golpecitos a la bolsa de revistas del respaldo del asiento del chófer en la que asomaba un sobre marrón grande—. Ahí están las radiografías —añadió.

Rebus lo cogió, lo abrió y fue mirando los negativos uno por uno a contraluz.

—Son esas zonas más oscuras.

Pero lo que le interesaba a Rebus era el nombre de Cafferty que atisbo en la esquina inferior de las radiografías: Morris Gerald Cafferty. Volvió a meterlas en el sobre. Todo parecía en orden: Hospital de Glasgow, Departamento de Radiología. Devolvió el sobre a Cafferty.

—Lo siento —dijo.

Cafferty sonrió entre dientes y luego dio una palmada en el hombro al que iba de copiloto.

—Rab, no creas que oirás muy a menudo al Hombre de paja decir que lo siente.

El tal Rab se volvió ligeramente y Rebus vio que tenía cabello negro con patillas largas.

—Rab salió una semana antes que yo —dijo Cafferty—. Dentro nos hicimos muy buenos amigos —añadió tocando otra vez el hombro de Rab—. Ya ves, tan pronto estás en el banquillo como en un BMW. No dirás que no te cuido —añadió con un guiño a Rebus—. Rab me sacó de algunos aprietos —comentó repanchigándose en el asiento y dando otro trago de whisky mientras miraba los edificios—. Desde luego, Edimburgo ha cambiado bastante, Hombre de paja. Han cambiado muchas cosas.

—¿Tú no?

—En la cárcel la gente cambia, lo habrás oído decir, ¿no? En mi caso me ha obsequiado con un cáncer —añadió con gesto de despecho.

—¿Te han dicho cuánto tiempo...?

—Bah, no nos pongamos sensibleros. Toma —añadió pasándole la botella y guardando el sobre de las radiografías en la bolsa del asiento—. Lo bueno es estar fuera y me da igual por lo que haya sido. Estoy aquí y basta —añadió volviendo a mirar por la ventanilla—. Me han dicho que la construcción no para.

—Compruébalo.

—Eso pienso hacer —dijo con una pausa—. ¿Sabes? Es agradable estar los dos aquí echando un trago y hablando de los buenos tiempos..., pero ¿qué demonios hacías en mi oficina?

—Preguntándole algo al Comadreja sobre Bryce Callan.