Back En la oscuridad Save as PDF
Contents ( 3)
  1. PRIMERA PARTE
  2. SEGUNDA PARTE
  3. TERCERA PARTE

—Le conozco de oídas.

—Cafferty fue durante un tiempo su fuerza muscular. ¿Lo recuerdas o no? —añadió Rebus ladeando la cabeza con gesto de suficiencia—. Se me ocurrió que era mejor preguntártelo a ti que viajar hasta Barlinnie y hacer perder el tiempo a tu jefe.

—¿Qué quiere preguntarme? —replicó el Comadreja quitando las manos de los brazos del sillón.

Se relajó al ver que el interés de Rebus era por un asunto del pasado y no por algo actual. Pero Rebus sabía que al más mínimo movimiento en falso por su parte, el Comadreja chillaría y entrarían sus hombres en tromba, garantizándole, cuando menos, un viaje a Urgencias.

—Algo sobre Bryce Callan. ¿Tuvo algún enfrentamiento con un constructor llamado Dean Coghill?

—¿Dean Coghill? —repitió el Comadreja frunciendo el entrecejo–Nunca he oído ese nombre.

—¿Seguro?

El Comadreja dijo que sí.

—A mí me han dicho que Callan le daba quebraderos de cabeza.

—¿De eso hace veinte años? —preguntó el Comadreja y aguardó a que Rebus se lo confirmara—. Entonces, ¿qué diablos tiene que ver conmigo? ¿Por qué tengo que decirle nada?

—Por el aprecio que me tienes.

El Comadreja resopló pero Rebus vio que su expresión cambiaba. Se volvió mirando al monitor pero era demasiado fuerte. Oyó fuertes pisadas lentas en la escalera y la puerta se abrió. El Comadreja se puso en pie y salió de detrás de la mesa. Rebus también se levantó del asiento.

—¡Hombre de paja! —tronó la voz estentórea de Big Ger Cafferty. Llevaba un traje de seda azul y una camisa blanca impecable con los dos primeros botones desabrochados—. Lo que me faltaba para completar el día.

Rebus se había quedado de piedra; por segunda o tercera vez en su vida no sabía qué decir. Cafferty cruzó la puerta llenando el cuarto y pasó rozándole con la agilidad de un felino. Tenía el cutis pálido y arrugado como el de un rinoceronte blanco y el pelo plateado. Al agacharse de espaldas a Rebus, su cabeza apepinada casi desapareció en el cuello de la camisa; al incorporarse sostenía una botella de whisky en la mano.

—Tú y yo vamos a dar un paseíto —dijo cogiendo a Rebus del brazo y llevándole hacia la puerta.

Rebus, sin salir de su asombro, le dejó hacer.

Hombre de paja era como Cafferty llamaba a Rebus.

El coche era un BMW negro de la serie 7. Al lado del chófer iba otro de no menor envergadura y, en el asiento trasero, Cafferty y Rebus.

—¿Adónde vamos?

—No tengas miedo, Hombre de paja —dijo Cafferty dando un trago de whisky, pasándole la botella y eructando ruidosamente. Iban con las ventanillas ligeramente abiertas y el aire azotaba los oídos de Rebus—. Es simplemente un viajecito sorpresa —añadió Cafferty mirando por la ventanilla—. He estado un tiempo fuera y me han dicho que esto ha cambiado. Por Morrison Street hasta la circunvalación oeste —dijo al chófer— y luego a Leith por Holyrood si quieres. Las obras de renovación son música para mis oídos.