Back En la oscuridad Save as PDF
Contents ( 3)
  1. PRIMERA PARTE
  2. SEGUNDA PARTE
  3. TERCERA PARTE

Al volver a su mesa vieron que el asiento de Clarke estaba ocupado por un joven que pasaba los dedos por el vaho de condensación de un vaso largo que parecía contener simple zumo de naranja. Era evidente que los del grupo le conocían.

—Perdona —dijo levantándose al ver llegar a Clarke y Sandra—, te he quitado el sitio —añadió mirando a Clarke y tendiéndole la mano.

Ella se la dio y notó que se la estrechaba sin soltársela.

—Vamos a bailar —dijo llevándola hacia la pista.

Ella no pudo resistirse y se vio de improviso en aquella vorágine en medio de brazos locos que la rozaban y gritos de otras parejas. Él volvió la cabeza para comprobar que no los veían desde la mesa y siguió tirando de ella. Cruzaron la pista, pasaron una de las barras y llegaron a la entrada.

—¿Adónde vamos? —preguntó Clarke.

Él miró a su alrededor y, más tranquilo, se inclinó a decirle:

—Yo te conozco.

Clarke se dio cuenta de pronto de que su rostro le resultaba conocido. «¿Tal vez un delincuente, alguien a quien ayudé a encerrar?», pensó. Miró a su alrededor.

—Tú estás en Saint Leonard —prosiguió él, y ella dirigió la vista a aquella mano que seguía sujetándole la muñeca. Él se percató de ello y la soltó—. Perdona, es que...

—¿Quién eres tú?

—Derek Linford —pareció ofenderle que ella no lo conociese.

—¿De Fettes? —inquirió ella entornando los ojos. Él asintió con la cabeza. Claro, aquella cara la conocía del boletín, y quizá le había visto en la cantina de jefatura—. ¿Qué haces tú aquí?

—Yo podría preguntarte lo mismo.

—Estoy con Sandra Carnegie —replicó Siobhan al tiempo que pensaba: «Mentira, porque la he dejado... Estoy aquí contigo, cuando le había prometido...».

—Ya, pero no entiendo... —dijo frunciendo el entrecejo hasta que su rostro se arrugó—. Ah sí, la violaron, ¿no es cierto? —y se pasó el pulgar y el índice por la nariz—. ¿Has venido para intentar identificar a algún sospechoso?

—Exacto —respondió Clarke sonriendo—. ¿Tú eres miembro del club?

—¿Qué pasa? —replicó él como si esperase algún comentario, pero ella se limitó a encoger los hombros—. No es un detalle que me apetezca divulgar, agente Clarke —añadió tratando de hacer valer la jerarquía.

—Tu secreto está a salvo conmigo, inspector Linford.

—Hablando de secretos... —añadió él mirándola y ladeando ligeramente la cabeza.

—¿No saben que eres policía? —ahora fue Linford quien se encogió de hombros—. Dios, ¿qué les has dicho?

—¿Qué más da?

Clarke reflexionó.

—Un momento... Hemos verificado la lista de los miembros del club y no recuerdo haber visto tu nombre.

—Es que me afilié la semana pasada.

Clarke frunció el entrecejo.

—Bueno, ¿qué explicación podemos dar ahora?

Linford volvió a restregarse la nariz.

—Simplemente que hemos estado bailando y ahora volvemos a la mesa; tú te sientas en un sitio y yo en otro. No tenemos que volver a hablarnos.

—Encantador.

—No es eso lo que quería decir —replicó él sonriendo—. Claro que podemos hablarnos.