Back En la oscuridad Save as PDF
Contents ( 3)
  1. PRIMERA PARTE
  2. SEGUNDA PARTE
  3. TERCERA PARTE

Siobhan fue a la cocina a poner el hervidor, y Rebus, una vez terminada la inspección del cuarto, fue a hacerle compañía. Cruzó por delante de la puerta abierta de dos dormitorios y oyó ruido de vasos y cucharillas. Al entrar en la cocina vio que ella abría la nevera.

—Tenemos que hablar de Sithing y del mejor modo de abordarle —dijo Rebus. Siobhan soltó una palabrota—. ¿Qué pasa?

—Que no hay leche —respondió ella—. Creí que tenía en el armarito un cartón de UHT.

—Lo tomaré solo.

—Estupendo —comentó ella acercándose al fogón y abriendo un tarro—. Pues... tampoco hay café.

—No recibes muchas visitas, ¿eh? —dijo Rebus riendo.

—Es que esta semana no he podido ir al supermercado.

—No pasa nada. En Broughton Street hay una tienda de pescado frito y con suerte tendrán café y leche.

—Espera que te dé dinero —dijo ella buscando el bolso.

—Invito yo —añadió él sin aguardar a que lo encontrara.

En cuanto salió Rebus, Siobhan apoyó la cabeza en el armarito. Había escondido el café allí, en el fondo. Necesitaba estar sola un par de minutos. Ella raramente llevaba a su casa a nadie, y era la primera vez que iba John Rebus. Le bastarían un par de minutos a solas para reflexionar. En el coche, cuando estiró el brazo... ¿qué habría pensado él de su reacción? A ella le había parecido que iba a meterle mano, cosa que él nunca había intentado. ¿Por qué se había echado a temblar? Casi todos los compañeros de trabajo se le insinuaban y contaban a veces chistes verdes para ver cómo reaccionaba, pero John Rebus no lo hacía, nunca. Sabía que era raro y tenía problemas pero, pese a todo, Rebus confería cierta solidez a su vida y era alguien en quien podía confiar contra viento y marea.

Algo que no quería perder.

Apagó la luz de la cocina, fue al cuarto de estar y se acercó a la ventana para mirar la calle, pero casi enseguida se puso a ordenar cosas.

Rebus se abrochó la chaqueta, contento de verse al aire libre. Era evidente que a Siobhan no le apetecía que hubiera subido a su casa. También él se había sentido a disgusto. Hay que mantener separado el trabajo de la vida privada. Pero en el Cuerpo era difícil porque bebes con los compañeros y hablas de asuntos que no entienden quienes no son policías. Era un vínculo más fuerte que el simple hecho de estar juntos en la comisaría y salir de servicio en el coche patrulla.

Pero aquella noche sintió que era distinto. Aunque, al fin y al cabo, a él tampoco le gustaban las visitas y nunca había pedido a Siobhan ni a nadie que le invitara a su casa. Tal vez ella era mucho más parecida a él de lo que creía. Quizá era eso lo que la ponía nerviosa.

No, no iba a volver. Se marcharía a casa y llamaría disculpándose. Abrió el coche pero dejó las llaves en el contacto sin ponerlo en marcha. Encendió un cigarrillo. Tal vez sería mejor comprar la leche y el café y dejárselo en la puerta. Sería lo más apropiado. Pero el portal estaba cerrado y tendría que llamar para que le abriera. ¿Y si se lo dejaba en la calle delante de casa...?