Back En la oscuridad Save as PDF
Contents ( 3)
  1. PRIMERA PARTE
  2. SEGUNDA PARTE
  3. TERCERA PARTE

—Cuando Supertramp estaba en su mejor momento —dijo Rebus.

—Te gusta mucho esta música antigua, ¿eh?

—Y la de la cinta de The Blue Nile que me diste. Seré un carcamal si quieres, pero tratándose de rock no tengo prejuicios.

Fueron a la ciudad nueva. Rebus iba pensando que vivían en una ciudad dividida: la ciudad vieja al sur y la nueva al norte. Dividida además entre el sector este (Hibs FC) y el oeste (Hearts). Una ciudad definida tanto por el pasado como por el presente y que sólo en ese momento, con la construcción del Parlamento, miraba al futuro.

—Crime of the Century —repitió Siobhan—. ¿Qué te sugiere, el del diputado asesinado o mi misterioso?

—No olvides el cadáver de la chimenea. ¿Cuál es tu calle?

—Broughton.

Contemplaban los edificios y los peatones, atentos también a los otros coches que paraban junto a ellos en los semáforos; instinto de polis. La mayoría de la gente se limitaba a vivir su vida, mientras que la vida de un agente de policía formaba parte de la de otras personas. Las calles de Edimburgo estaban tranquilas; era aún pronto para que deambularan los borrachos y el frío retenía a la gente en casa.

—Esta época del año es tremenda para los sin techo —comentó Siobhan.

—Tendrías que ver las celdas en la época de Navidad; los encierran a casi todos.

—No lo sabía —dijo ella mirándole.

—Porque no has estado de servicio en esa época.

—¿Los detienen?

Rebus negó con la cabeza.

—Son ellos los que piden que los encierren para tener comida caliente; luego los soltamos en Año Nuevo.

—Dios, las navidades —comentó ella reclinándose en el reposacabezas.

—¿Te parecen una tontería?

—Mis padres siempre quieren que las pase con ellos.

—Diles que estás de servicio.

—Sería mentirles. ¿Tú qué planes tienes?

—¿Estas navidades? —replicó él pensándolo—. Si me proponen un cambio de turno en Saint Leonard seguramente lo aceptaré. El día de Navidad se pasa muy bien en comisaría.

Ella le miró sin decir nada hasta avisarle que doblara en la siguiente calle a la izquierda. Delante de su casa no había sitio para aparcar; Rebus detuvo el Saab junto a un todoterreno negro reluciente.

—No me digas que es tuyo.

—Para nada.

—Bonita calle —comentó él mirando las casas.

—¿Quieres tomar un café?

Rebus reflexionó un instante recordando cómo se había puesto tensa. ¿Sería por algo relacionado con el concepto que tenía de él, o era un simple problema de Siobhan?

—De acuerdo —contestó al fin.

—Más allá tienes un hueco —dijo ella.

Rebus hizo marcha atrás cincuenta metros y aparcó junto al bordillo. Siobhan vivía en el segundo. El piso estaba perfectamente ordenado, tal como él se lo había imaginado y le agradó ver que había acertado. Adornaban las paredes grabados y carteles de exposiciones de arte, todo bien enmarcado. Tenía una estantería de discos compactos y un buen aparato de música. Además de varios estantes con vídeos, casi todos comedias de Steve Martin y Billy Cristal; y libros: Kerouac, Kesey, Camus y muchos textos jurídicos. Había un sofá verde de dos plazas de diseño funcional y un par de sillones a juego. Por la ventana vio otro piso igual con las cortinas ya echadas y las luces apagadas. Se preguntó si ella no tenía costumbre de correr las cortinas.