Back En la oscuridad Save as PDF
Contents ( 3)
  1. PRIMERA PARTE
  2. SEGUNDA PARTE
  3. TERCERA PARTE

—¿Cuánto tardará en afectar a tu trabajo?

—¿Tú también, Siobhan? —dijo él mirándola enfadado.

—Es algo que me pregunto —añadió ella sin pedirle disculpas.

—Puedo dejar de beber mañana —replicó él encogiéndose de hombros.

—Pero no lo harás.

—No, no lo haré. Ni dejaré de fumar, ni de decir tacos, ni de hacer trampa en los crucigramas.

—¿Haces trampa en los crucigramas?

—Como todo el mundo —respondió él mirando a una de las parejas que se levantaba para marcharse. Salieron cogidos de la mano—. Qué gracia —dijo.

—¿El qué?

—Al marido de Lorna Grieve también le interesa Rosslyn.

—Vaya manera de cambiar de tema... —comentó ella con un bufido.

—Figúrate si estaría interesado que compraron una casa en el pueblo —prosiguió él.

—¿Y qué?

—Puede que conozca al señor Sithing y que sea incluso miembro de los Caballeros.

—¿Y qué?

—Pareces un disco rayado, ¿sabes? —replicó él mirándola hasta que ella musitó un «perdona» antes de dar un sorbo de vino–Ese interés por Rosslyn conecta a Supertramp con mi caso de homicidio. Y el mendigo también podría haber tenido algún interés por Queensberry House.

—¿Vas a hacer un solo caso de tres?

—Lo único que digo es que hay...

—Conexión, ya. Los típicos seis grados de diferencia.

—¿Los típicos, qué?

—Bueno, a ti no te dice nada porque no es de tu época —replicó ella mirándole—. Todos los habitantes de la tierra están relacionados con otra persona por seis únicos enlaces —añadió ella haciendo una pausa—. Estoy convencida de ello.

Al llegar el segundo vaso de vino Siobhan apuró el primero.

—Al menos valdría la pena hablar con Sithing.

—A mí me causó muy mala impresión —dijo ella arrugando la nariz.

—Puedo acompañarte, si quieres.

—¿Qué es lo que quieres, subirte a mi caso? —dijo ella sonriendo para hacerle ver que bromeaba. Aunque, en el fondo, no estaba segura.

Después de la cena Rebus le preguntó si le apetecía tomarse la última en Swany's pero ella negó con la cabeza.

—No quiero inducirte a la tentación.

—Entonces te acompaño a casa —dijo Rebus dirigiéndose al Saab y haciendo un gesto de despedida en dirección a las potentes luces del bar propuesto.

Una aguanieve rasante azotaba Causewayside. En cuanto subieron al coche encendió el motor y comprobó que la calefacción estaba al máximo.

—¿Has visto el tiempo que ha hecho hoy?

—¿Por qué?

—Pues porque ha hecho frío, ha llovido y hemos tenido viento y sol. Cuatro estaciones en una, por así decir.

—Está claro que Edimburgo da mucho juego —comentó él—. Ah, mira —añadió estirando el brazo hacia la guantera; notó que ella se ponía tensa como si fuera a tocarla. Sonrió y sacó un casete—. Un regalito para ti.

Siobhan se estremeció. Pensó que había querido meterle mano, a ella, que tenía casi la edad de su hija Sammy.

—¿Qué es? —preguntó.

A Rebus le pareció que se había ruborizado pero no podía asegurarlo por la poca luz del coche. Le tendió la funda del casete.

—Crime of the Century [Crimen del siglo] —leyó ella en voz alta.