Back En la oscuridad Save as PDF
Contents ( 3)
  1. PRIMERA PARTE
  2. SEGUNDA PARTE
  3. TERCERA PARTE

—Sí, Bryce Callan era un matón. Si no pagabas, tenías problemas. Desaparecían herramientas, aparecían rajados los neumáticos de la camioneta o destruían la obra por las buenas, pero no eran unos gamberros cualquiera, sino los hombres de Bryce Callan.

—¿Su marido pagaba protección a Bryce Callan?

—Ustedes no saben cómo era mi Dean —respondió la anciana volviéndose—. Él era el único capaz de enfrentarse a Callan, y yo creo que fue eso lo que le mató. Esa preocupación, aparte del exceso de trabajo... Fue como si Bryce Callan le hubiera oprimido el pecho secándole el corazón.

—¿Su marido le dijo eso?

—No, por Dios. Él no me decía una palabra porque no quería mezclarme en el negocio. La familia de un lado y el trabajo de otro, decía él. Por eso puso una oficina, para no traerse trabajo a casa.

—Quiso que la familia se mantuviera aparte del negocio —dijo Wylie—, pero había puesto sus miras en Alex.

—Eso fue al principio, antes de que apareciera Callan.

—Señora Coghill, ¿sabe usted que ha aparecido un cadáver en una chimenea de Queensberry House?

—Sí.

—La empresa de su marido hizo obras allí hace veinte años. ¿Cree usted que hay algún archivo o alguien que trabajase con su esposo con quien podamos hablar?

—¿Creen que tiene algo que ver con Callan?

—Antes que nada hay que identificar el cadáver —dijo Hood.

—¿Recuerda si su marido trabajó allí, señora Coghill? —preguntó Wylie—. ¿No le mencionaría acaso que había desaparecido un obrero...?

La señora Coghill negó con la cabeza y Wylie miró a Hood, que sonreía. Sí, claro, habría sido demasiado sencillo. Tenía la impresión de que era uno de esos casos en que no acompaña la suerte.

—Hacia el final él trajo aquí sus cosas —dijo la anciana—. Tal vez eso les sirva de ayuda.

Al preguntar Wylie a qué se refería, la mujer les dijo que la acompañasen.

—Yo no tengo carnet de conducir —dijo la anciana— y vendí los dos coches de Dean; tenía dos, uno para el trabajo y otro para ir de paseo —añadió con una sonrisa evocando algún recuerdo.

Cruzaban el camino de entrada de la casa que era un bungaló alargado en Frogston Road con vistas al sur de las cimas nevadas de los montes Pentland.

—Este doble garaje lo construyó su empresa —continuó la señora Coghill—, y ampliaron también la casa con dos habitaciones a cada lado.

Los dos agentes asintieron, intrigados de que les condujera al garaje. La anciana abrió una puerta lateral, encendió la luz y vieron un gran espacio lleno de cajones, muebles de oficina y herramientas. Había piquetas, palancas, martillos y cajas con tornillos y clavos; dos taladradoras, un par de neumáticos y hasta cubetas metálicas con restos de cemento. La señora Coghill puso la mano sobre una de las cajas de té.

—Los papeles están aquí. Y tiene que haber también un archivador en algún sitio...

—¿Debajo de esa manta? —aventuró Wylie señalando un rincón.

—Si quieren saber detalles sobre Queensberry House, tienen que estar por aquí.