Back En la oscuridad Save as PDF
Contents ( 3)
  1. PRIMERA PARTE
  2. SEGUNDA PARTE
  3. TERCERA PARTE

—¡Por Dios santo! —exclamó Jo Banks entre dientes.

—Han hablado con Billie —añadió Seona Grieve sonándose.

—Sí —dijo Rebus.

—Ella trata de ensuciar el nombre de un difunto —balbució Jo Banks.

—Mire, señorita Banks, el problema es que no sabemos qué hizo Roddy Grieve en las horas anteriores a su muerte —dijo Rebus mirándola—. Hasta el momento nos consta que estuvo en un pub bebiendo a solas. Y necesitamos saber si era eso, un bebedor solitario, para así tal vez dejar de perder el tiempo intentando localizar a esos amigos con los que nos han dicho que salió a tomar unas copas.

—Déjalo, Jo —dijo Seona Grieve con voz tranquila—. El decía que necesitaba a veces salir solo —añadió dirigiéndose a Rebus.

—¿Adonde habría podido ir?

—Nunca me decía dónde iba —respondió ella.

—¿Y cuando pasaba las noches fuera de casa...?

—Supongo que dormiría en algún hotel o en el coche.

Rebus asintió con la cabeza y ella debió de leerle el pensamiento.

—Yo no creo que fuese el único que hace eso, inspector.

—Es posible —añadió él, que a veces se despertaba en el coche en cualquier carretera perdida sin saber dónde estaba—. ¿Tiene algo más que decirnos?

Ella negó despacio con la cabeza.

—Lo siento —añadió él—. De verdad que lo siento.

Dejó la taza de café en la mesa, se levantó y salió del cuarto.

Cuando Linford le dio alcance estaba sentado en el Saab con la ventanilla abierta. Linford se inclinó hasta casi rozarle la cara y él expulsó el humo hacia su lado.

—¿Tú qué crees? —preguntó Linford.

Rebus pensó una respuesta. Ya era tarde y había oscurecido.

—Creo que estamos en la oscuridad dando golpes a lo que nos parecen murciélagos —contestó.

—¿Qué quieres decir con eso? —preguntó enfadado Linford.

—Que nunca nos entenderemos —replicó Rebus encendiendo el motor.

Linford se quedó en el bordillo viendo alejarse el Saab. Sacó el móvil del bolsillo y llamó a Carswell a Fettes. Tenía bien pensado lo que iba a decirle: «Me parece que Rebus va a ser un problema», pero mientras aguardaba a que le pusieran con el jefe cambió de idea. Si le decía eso a Carswell equivaldría a admitir un fracaso, una debilidad. Carswell lo comprendería, pero lo más seguro era que lo considerara un fracaso por su parte. Cortó la comunicación y se guardó el móvil. El problema tenía que resolverlo él.

19

Dean Coghill había muerto y la empresa ya no existía. El edificio lo ocupaba ahora una empresa consultora de diseño y en el antiguo almacén de materiales de construcción se alzaba un bloque de viviendas de tres plantas. Hood y Wylie lograron finalmente averiguar la dirección de la viuda.

—Tantos muertos... —comentó Grant Hood.

—En la especie humana, la esperanza de vida del varón es inferior a la de la hembra —dijo Ellen Wylie.

Como no pudieron averiguar el teléfono de la viuda de Coghill fueron al último domicilio conocido.

—Ya verás como ha muerto o vive de su pensión en Benidorm —comentó Wylie.