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—¿A qué viene todo esto? ¿Es que te gusta el papel de paria?
—El paria no soy yo, hijo. Piénsalo —replicó Rebus—. Vamos a ver a la dama viuda —añadió desabrochándose la chaqueta y arrastrando las palabras como un vaquero del oeste.
Les abrió Hamish Hall, el portavoz de Roddy Grieve.
—Ah, hola de nuevo —dijo haciéndoles pasar.
Era un bonito chalet de ladrillo de los años treinta con un vestíbulo al que daban muchas puertas que Hall dejó atrás para conducirles a través del comedor hasta una ampliación nueva con un invernadero mucho más bonito, como advirtió Linford, que el del centro de ancianos. En un rincón zumbaba con brío un calefactor eléctrico. El mobiliario era de bambú, incluida la mesa con sobre de vidrio a la que estaban sentadas Seona Grieve y Jo Banks ante un montón de papeles. Las pocas macetas con plantas estaban muy bien cuidadas.
—Ah, hola —dijo Seona Grieve.
—¿Quieren café? —preguntó Hamish Hall. Los dos dijeron que sí con la cabeza y él se dirigió a la cocina.
—Siéntense donde puedan —dijo Seona Grieve al tiempo que Jo Banks se levantaba a quitar periódicos y carpetas de un par de sillas.
Rebus cogió una carpeta y vio que decía: «Perspectivas. Orientaciones para los futuros candidatos al Parlamento escocés». En el margen había anotaciones manuscritas, seguramente del propio Roddy Grieve.
—¿A qué se debe el placer? —preguntó Seona Grieve.
—Venimos a hacerle unas simples preguntas de seguimiento —respondió Linford sacando el bloc del bolsillo.
—Hemos sabido que va a ponerse los zapatos de su esposo —añadió Rebus.
—Mi pie es más pequeño que el suyo —replicó ella.
—Es posible —prosiguió Rebus— pero a nosotros nos falta un móvil del crimen y el inspector Linford cree que usted nos facilita uno.
Linford fue a protestar pero Jo Banks se le adelantó.
—¿Creen que Seona iba a matar a Roddy para ocupar su candidatura? ¡Es absurdo!
—¿Ah, sí? —dijo Rebus rascándose la nariz—. No sé, yo más bien me inclino por la hipótesis del inspector Linford. Constituye un móvil. ¿Había pensado en presentarse antes?
—¿Se refiere a antes de que asesinaran a Roddy? —preguntó la viuda enderezando la espalda.
—Sí.
Seona Grieve reflexionó un instante y asintió con la cabeza.
—Sí, creo que sí.
—¿Y por qué no lo hizo?
—Pues, no lo sé.
—Esto no puede tolerarse —terció Jo Banks, pero Seona Grieve le tocó ligeramente en el brazo.
—Déjalo, Jo. Será mejor que disipemos sus dudas —añadió fulminando a Rebus con la mirada—. Me decidió a ello pensar que cualquiera de los otros candidatos, Ure, Mollison o Bone, asumiría la candidatura de Roddy... Pensé que yo podía hacerlo, quizá mejor que ninguno de los tres, así que ¿por qué no probar?
—Es lo mejor que has podido hacer en memoria de Roddy —comentó Jo Banks—. Es lo que él habría deseado.
Sonaba a frase preparada y Rebus se preguntó si no habría sido Jo Banks quien se lo había sugerido a la viuda. Podría ser...