Back En la oscuridad Save as PDF
Contents ( 3)
  1. PRIMERA PARTE
  2. SEGUNDA PARTE
  3. TERCERA PARTE

—Soy yo —respondió la que no había dicho nada poniéndose en pie; al ver que llevaba en la mano el cigarrillo lo apagó.

—Soy el inspector de policía Derek Linford y vengo a ver si se puede hablar con su marido.

—Póngase a la cola —dijo la cuñada. —Lamento que... ¿Es grave?

—Ya había tenido problemas cardíacos —contestó la esposa de Archie Ure—, nunca dejó de trabajar por aquello en lo que creía.

Linford asintió con la cabeza. Estaba al corriente de quién era Archie Ure, jefe del Departamento de Urbanismo del ayuntamiento y concejal desde hacía más de veinte años, un miembro del laborismo histórico, muy apreciado entre sus amigos y verdadera espina para algunos «reformistas». Ure había publicado en el Scotsman hacía un año más o menos unos artículos que le causaron problemas con el partido, pero, después del rapapolvo, había presentado su candidatura a un escaño en el Parlamento escocés sin pensar probablemente en la posibilidad de que surgiera un arribista como Roddy Grieve capaz de arrebatarle el nombramiento oficial del partido. A él que, en la campaña del setenta y nueve había trabajado como nadie, veinte años después el partido le relegaba a un segundo puesto en la lista de una circunscripción y la promesa de un cargo junto al primero de la lista.

—¿Van a operarle? —preguntó Linford.

—¿No te digo? —replicó la cuñada mirándole furiosa—. ¿Cómo demonios vamos a saber nosotras si le operan? Los de la familia son los últimos en enterarse —añadió levantándose.

Linford dio un paso atrás. Eran unas mujeronas adictas a la dieta escocesa: tabaco y manteca, con zapatillas deportivas y cinturillas elásticas con corpiños a juego, capaces probablemente de tumbarle de un puñetazo.

—Sólo pretendía saber...

—¿Qué es lo que quería saber? —preguntó la esposa secundando la ira de su compañera y cruzando los brazos—. ¿Qué quiere de mi Archie?

«Hacerle unas preguntas... porque es sospechoso de homicidio.» No, eso no podía decírselo. Hizo un gesto evasivo.

—Puedo esperar —dijo.

—¿Tiene algo que ver con Roddy Grieve? —preguntó la mujer. Pero a aquello tampoco podía contestar—. Ya me lo figuraba. Por culpa suya está aquí mi Archie. Dígale a la guarra de la viuda que no lo olvide. Y si mi Archie..., si acaso... —añadió bajando la cabeza y rompiendo en sollozos mientras su cuñada le pasaba un brazo por los hombros.

—Vamos, Isla, se pondrá bien. ¿Ya está contento? —dijo la cuñada mirando a Linford, que dio media vuelta dispuesto a marcharse.

Pero se detuvo.

—¿Qué quiso decir con que es culpa de Roddy Grieve?

—Pues que muerto Grieve, Archie habría debido sustituirle en la lista.

—¿Y bien?

—Pero ahora la viuda ha propuesto su nombre a la candidatura sabiendo que esos cabrones del comité lo aceptarán. Ay, sí, Isla, han vuelto a joderle, a joderle como siempre. Jodido hasta la hora de su muerte.

—Francamente, sería absurdo que no lo hicieran.

Después del hospital, el bar especializado en vinos de High Street era un desahogo. Linford dio un sorbo a su Chardonnay frío y preguntó a Gwen Mollison por qué. Mollison era alta, con pelo rubio largo y rondaría los treinta y cinco años. Usaba gafas de montura metálica que agrandaban sus ojos bien poblados de pestañas y en aquel momento jugueteaba con el móvil que había dejado en la mesa entre ellos dos junto a una abultada agenda de anillas. Miraba incesantemente a un lado y a otro como si esperase ver a algún amigo o conocido. Linford iba preparado y sabía que Mollison era la número tres del departamento de viviendas de protección oficial del ayuntamiento. No tenía el curriculum de Roddy Grieve, ni la veteranía de Archie Ure, y por eso no había logrado el nombramiento, pero se le auguraba un brillante porvenir. Era de origen proletario y nueva laborista hasta la médula; hablaba bien en público y tenía buena presencia. Aquel día vestía un conjunto de chaqueta y pantalón de lino color crema, tal vez de Armani. Linford había reconocido en ella un alma gemela y arrimó el móvil cuarenta centímetros al suyo.