Back En la oscuridad Save as PDF
Contents ( 3)
  1. PRIMERA PARTE
  2. SEGUNDA PARTE
  3. TERCERA PARTE

—¿Se refiere a Alasdair?

—¿Usted le conoció?

—A mí me gustaba Alasdair, pero comprendo que se marchara.

—¿Cuándo se marchó?

—Creo que a finales del setenta y nueve.

—¿Sabe por qué motivo?

—No lo sé. Tenía un socio, Frankie o Freddy..., un nombre así. Siempre andaban juntos.

—¿Eran amantes?

—Yo no lo creo —se encogió de hombros—. Y Alicia tampoco. Aunque pienso que no le habría importado tener un hijo homosexual.

—¿A qué se dedicaba Alasdair?

—Hacía de todo. Tuvo un restaurante en Dundas Street: el Mercurio, pero me parece que desde entonces habrá cambiado de dueño más de diez veces. El no sabía llevar al personal. Se metió en asuntos inmobiliarios, que creo que era a lo que se dedicaba Frankie o Freddy... y también invirtió en un par de bares. Ya le digo, inspector, hacía de todo.

—¿Pero nada en el terreno de la política o del arte?

—Dios mío, no —respondió ella con un bufido—. Alasdair era muy realista —hizo una pausa—. ¿Qué tiene que ver Alasdair con Roddy?

—Trato de saber cómo era Roddy, y Alasdair es una pieza de tantas en el rompecabezas —contestó Rebus metiendo las manos en los bolsillos.

—Es un poco tarde para averiguarlo, ¿no cree?

—Es posible que sabiendo cómo era pueda descubrir quiénes eran sus enemigos.

—Nunca sabemos realmente quiénes son nuestros enemigos, ¿no cree? El lobo con piel de cordero, y todo eso.

Rebus asintió con la cabeza, estiró las piernas y las cruzó por los tobillos, pero Billie Collins se levantó.

—Podemos ir a Kinkell Braes. Está a cinco minutos y tal vez le interese.

Lo dudaba, pero a medida que ascendían por aquel sendero hacia el camping recordó otra cosa de su infancia: un hoyo artificial profundo con paredes de cemento, que había a un lado del sendero y del que siempre se alejaba por temor a caer en él. ¿Sería alguna conducción de agua? Recordaba que en el fondo chorreaba algo.

—¡Dios, aquí está! —exclamó asomándose. Habían puesto una valla protectora y ya no le parecía tan hondo, pero era el mismo—. Esto me causaba pavor —dijo mirando a Billie Collins—. A un lado tenía el barranco y al otro, esto. Me costaba Dios y ayuda bajar por aquí y tenía pesadillas con el agujero.

—Es difícil de creer —dijo ella pensativa—. Aunque puede que no —añadió echando a andar.

—¿Qué tal se llevaba Peter con su padre? —preguntó él dándole alcance.

—¿Cómo se llevan padres e hijos?

—¿Se veían a menudo?

—Yo nunca impedí que Peter viera a su padre.

—Eso no contesta exactamente a mi pregunta.

—Es la única contestación que se me ocurre.

—¿Cómo reaccionó Peter cuando se enteró de que su padre había muerto?

Ella se detuvo y se volvió hacia él.

—¿Qué trata de insinuar?

—Tiene gracia, yo estaba pensando en qué es lo que usted trata de ocultar.

—Bueno, pues así estamos en paz, ¿no? —replicó ella cruzando los brazos.

—Sólo quiero saber si se llevaban bien, porque la última canción que compuso Peter sobre su padre se titula Reproche final, y no creo que aluda precisamente a afecto y buena armonía.