Back En la oscuridad Save as PDF
Contents ( 3)
  1. PRIMERA PARTE
  2. SEGUNDA PARTE
  3. TERCERA PARTE

—De verdad que le agradezco...

—No me lo creo. Roddy y yo nos conocimos aquí mismo siendo muy jóvenes, en el segundo año de la carrera. En Saint Andrew fuimos felices y quizá eso me ha permitido quedarme en el pueblo. Cuando Roddy obtuvo su empleo en el ministerio de Escocia... —sacó un pañuelito de la manga, no porque fueran a saltársele las lágrimas sino para toquetear el algodón y mirar fijamente el bordado.

Rebus miró al mar fantaseando con los barcos de espías que probablemente no eran sino botes de pesca, transformados por la imaginación.

—La peor época fue al nacer Peter —prosiguió ella— cuando Roddy más trabajo tenía. Vivíamos en casa de mis suegros y además su padre estaba enfermo, yo sufrí una depresión posparto... Bueno, aquello fue un verdadero infierno. —Alzó la vista; ante ella se extendía la playa, donde el labrador corría dando saltos a recoger una rama, aunque la mujer veía otra escena—. Roddy se sumergió en su trabajo, era su manera de escapar de todo, imagino.

Entonces Rebus también veía sus propias escenas: más horas de trabajó cada día por retrasar el momento de volver a casa. No más discusiones políticas, no más luchas de almohadones, nada excepto el convencimiento del fracaso, pero había que evitar que Sammy sufriera; era el último pacto tácito entre marido y mujer. Hasta que Rhona le dijo que era para ella como un extraño y se marchó con la niña.

No recordaba que sus padres discutieran. El dinero siempre había sido un problema y semanalmente ahorraban lo que podían para las vacaciones de los niños. Se apretaban el cinturón pero a Johnny y Mike no les faltaba de nada: llevaban ropa remendada y usada pero comían caliente, tenían re galos en Navidad y vacaciones en verano. Tomaban helados y alquilaban hamacas en la playa y volvían al camping comiendo patatas fritas. Jugaban al golf e iban de excursión al parque de Craigtoun, donde había un trenecito que discurría por un bosquecillo con casas de enanitos. Todo era fácil e inocente.

—Él bebía cada vez más —dijo ella— y yo regresé aquí con Peter.

—¿Tanto bebía?

—Lo hacía a escondidas; guardaba las botellas en su despacho.

—Seona asegura que no bebía mucho.

—Es lógico, ¿no cree?

—¿Por su reputación?

Billie Collins suspiró.

—No sé si sería culpa de Roddy. Debió de ser por su familia y el modo que tenían de agobiar a los demás —dijo mirándole—. Creo que él siempre soñó con llegar al Parlamento, y justo cuando lo tenía al alcance de la mano...

—Tengo entendido que adoraba a Cammo —Rebus se removió en el asiento.

—No creo que ésa sea la palabra exacta, pero sí me parece que le habría gustado poseer ciertas dotes de Cammo.

—¿Por ejemplo?

—Cammo es encantador y cruel y a veces su crueldad es tanto mayor cuanto más encantador se muestra ante los demás. A Roddy le atraía esa faceta de su hermano, esa habilidad para fingir.

—Pero había otro hermano.