Back The Acid House

Así que entonces aparece ese desgraciao de la chaqueta amarilla. Yo me percato a la primera de que es el jefe del capullo ese del oso, como quien dice. Se disculpa con nosotros, y entonces se vuelve para el capullo del oso y le dice: Vamos a tener que darte puerta, amigo. Iban a despedir al chaval como si tal cosa. Esto no nos beneficia nada, le dice al chico. El pobre cabrito del traje de oso ahora ya se ha quitado la cabeza y tal; el capullo está a punto de llorar, y venga a largar que si le hace falta el empleo para pagarse la universidad. Así que cojo por banda al desgraciao ese de la chaqueta amarilla y le digo: Eh, colega, que te estás pasando. No hay ninguna necesidad de despedirle. Ya está todo arreglado.

Quiero decir que al capullo lo hostié, vale, pero no quería que el chico perdiera su empleo, sabes. Yo sé lo que es eso, joder. Muchas risas cuando te tiran a la cabeza la guita del finiquito, pero no dura siempre, sabes. A todos esos primos que se lo gastan en chorradas, les salen colegas que ni siquiera sabían que tenían, hasta que se acaban los putos boniatos. De todas formas, el desgraciao ese del supervisor va y dice: Tú decides, colega. Que tú estás contento, pues este cabrón conserva el empleo. Entonces se vuelve para el chico y dice: Vaya puta suerte que tienes, no te digo. Si no fuera por el chico este, estarías liando el petate, pero todo esto en ameri-

cano, como quien dice, ya sabes cómo hablan esos tipos, por la tele y eso.

El cabrón al que le sobé el morro, el capullo del oso ese va y dice: De verdad que lo siento, colega, culpa mía, sabes. Así que yo no dije más que: Por mí, todo arreglado. La poli y el supervisor se fueron a tomar por culo y el capullo del oso se vuelve y dice: Muchas gracias, amigo. Que pases un buen día. Por un momento pensé: Ya te daré yo a ti un buen día, cacho cabrón, saltando delante de la cría. Pero lo dejé estar, sabes, no quiero armarle follón a nadie. El chico tiene derecho a conservar su empleo; ésa fue mi buena acción del día. Sólo voy y le digo: Vale, tú también, colega.

LA CAUSA DEL GRANTON STAR

Fue un duro golpe para Boab Coyle, directo al corazón. Se quedó allí de pie, en la barra, boquiabierto, mientras su colega Kev Hyslop le explicaba su postura.

«Lo siento, Boab, pero estamos todos de acuerdo. No podemos garantizarte un partido. Ahora tenemos a Tambo y al pequeño Grant. Este equipo va a empezar a moverse.»

«¿¡A moverse!? ¿¡A moverse!? ¡Tercera División de la Liga de Iglesias! ¡No es más que una pachanga, pedazo de capullo pretencioso. ¡Una puta pachanga!»