Back The Acid House

«Ojalá pudiéramos hallar algún modo de confinarlo a las revistas y las conferencias y mantenerlo al margen de nuestras sesiones de bolingueo», rumió Lou.

«Sí, pero ¿cómo? Lo hemos intentado todo. Yo he probado a emplear tus argumentos, tú has probado a emplear los míos; hemos acordado no decir palabra, pero siempre reaparece inevitablemente. ¿Qué podemos hacer?»

«Creo que conozco la forma de escapar de este callejón sin salida, Gus», dijo Lou con una mirada traviesa.

«¿Qué me propones?»

«Arbitraje independiente.»

«Venga, Lou. Ningún filósofo, ninguno de nuestros colegas, podría satisfacernos en lo que a la independencia de sus ideas se refiere. Ya se habrán formado un punto de vista previo sobre la cuestión.»

«No estoy proponiendo a un colega. Propongo que busquemos a alguien en la calle, o, mejor aún, en un pub, y que formulemos nuestras proposiciones, dejándoles decidir a ellos cuál es el argumento superior.»

«¡Ridículo!»

«Para el carro, Gus, escúchame. No estoy sugiriendo ni por un segundo que abandonemos nuestros posicionamientos académicos en función de una opinión documentada. Eso sería absurdo.»

«¿Qué es lo que sugieres?»

«Sugiero que separemos lo profesional de lo personal. Saquemos la discusión de nuestro contexto social dejando que sean otros quienes juzguen los méritos relativos de nuestras proposiciones desde el punto de vista social del pub. No demostrará nada académicamente, pero al menos nos permitirá ver qué argumento es el más cercano al usuario, al hombre medio de la calle.»

«Mmmm…, supongo que así podemos aceptar que nuestros

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diversos argumentos tienen puntos fuertes y puntos débiles desde la perspectiva del lego…»

«Exactamente. Lo que estaremos haciendo es someter esas ideas al mundo real en el que no se discuten, al mundo de nuestro bebercio. Lo que acordamos es dar a las ideas del vencedor la soberanía en lo referente al contexto de los pubs.»

«Esto es una chorrada, Lou, pero es una chorrada interesante y parece divertida. Acepto tu reto, no porque vaya a demostrar nada, sino porque obligará al perdedor a cerrar el pico en torno al debate sobre la lógica científica.»

Se estrecharon firmemente las manos. Después Ornstein se llevó a McGlone al metro de la estación de Hillstead. «Demasiados estudiantes e intelectuales por aquí, Gus. Lo último que quiero es que nos pongamos a debatir con algún jodido estudiante con voz de pito. Necesitamos un laboratorio mejor para este pequeño experimento.»

Gus McGlone estaba un tanto inquieto cuando descendieron en Govan. A pesar de la imagen de vivales de Glasgow que cultivaba, de hecho él era de Newton Mearns y había llevado una vida bastante recogida. Era fácil engañar a los impresionables burgueses que llenaban las salas de profesores de la universidad para que creyesen que era un ejemplar auténtico. En un lugar como Govan, sería harina de otro costal.