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«Sin embargo, cuando lo piensas», dije yo, «Knoxie no aprendió gran cosa en ese puto cursillo. Dicen que es tarea del supervisor lograr que se haga el trabajo, no hacerlo él. Ahí arriba tenéis al capullo currando solo mientras nosotros estamos aquí fuera.»

«¿Os apetece una pinta?», pregunta Lozy. «¿Whitsons?»

Calum enarca una ceja esperanzada.

«Por qué no», salgo yo, «si van a ahorcarte por robar una oveja, pues ya puestos te la follas.»

Cruzamos el patio. Había un olor acre y mierdoso y Lozy arrugó la cara con aquel gesto de satisfacción suyo, señalando con la cabeza un río de agua estancada que borboteaba hasta la superficie por los alrededores del borde de una tapa de alcantarilla oxidada.

Calum se volvió hacia el bloque de pisos y levantó los dos brazos en el aire. Hizo un doble signo de la victoria. «Juego, set y partido, hijo de puta masón.»1

Lozy soltó: «El tío del sindicato se le comerá los huevos si intenta llevar esto ante un comité disciplinario.»

«No llegaría tan lejos», dije yo. «Nosotros hemos dado nuestra opinión profesional. ¿Qué era lo que dijo el tipo que nos llevó al examen de técnicos especialistas en Telford College?

1. Se denomina masones a los protestantes pertenecientes a la Orden de Orange, dedicada al mantenimiento de la supremacía protestante frente a nacionalistas y católicos irlandeses y cuyos miembros tienen formas especializadas de reconocerse. Por extensión, se designa así a los protestantes en general. (N. del T.)

La cualidad más importante en cualquier oficio es el diagnóstico preciso de los problemas. Yo saqué un puto sobresaliente», dije señalándome.

Lozy enarcó las cejas, el muy caradura.

«Es cierto», me respaldó Calum.

«Sí, y ese capullo de Knoxie ha preferido desestimar nuestro dictamen profesional.»

«Despilfarro de recursos municipales», asintió Lozy. «Man-derson jamás respaldará a ese capullo.»

Avanzamos por el centro fanfarroneando hacia el pub. Va a ser una pinta de lo más dulce, ya lo creo.

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WAYNE FOSTER

Dos Cabezas-de-gorrión están sentados en la mesa de un pub diciendo chorradas sobre fútbol. Los dos Cabezas-de-gorrión son casi idénticos, con sus suaves cabezas marrones emplumadas, sus picos abiertos, tensos y belicosos y sus viscosos ojos de regaliz. Lo único que los distingue es que uno de los Cabezas-de-gorrión tiene un churretón de porquería negra chorreándole por la esquina del ojo izquierdo, quizá como resultado de una lesión o una infección.

«Ha habido problemas hoy en el partido, ¿eh?»

«Sí, casuals1 infiltrados. No debería haber estado allí, al fondo no.»

«Pues yo he oído que no habían sido los casuals. He oído que un par de chicos que iban juntos han empezado a discutir sobre Wayne Foster. Uno de los capullos va y dice: Sacad a ese puto cabrón inglés del terreno. El otro chico dice: Dale al cabrón una oportunidad. Así que el primero le contesta algo y una cosa lleva a la otra, y un chico le da en el morro al otro. Y en un periquete ya está montada una bulla que te cagas.»