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«Ah, pero ésa no es la cuestión, Knoxie. Ahora somos empleados municipales, no estamos trabajando en una contrata privada. Hay una política antidespidos.»

«Estamos sujetos a una puta oferta competitiva. Si no nos ponemos las pilas, estamos jodidos. Así de claro. No importa un carajo lo que diga cualquier puto gilipollas del Partido Laborista que sale elegido en las listas del ayuntamiento. Que no resolvemos los asuntos, pues no nos salen contratos. Que no nos salen contratos, pues se acabó la Organización Directa del Trabajo. Punto final.»

«Nah, de punto final nada», proseguía Lozy, «porque el del sindicato decía…»

«Ése no es más que un puto capullo al que hacen representante porque ningún otro cabrón quiere el puesto. Esos capullos no hacen más que hablar por el puto culo. ¡Venga! En movimiento.»

Yo me limité a encogerme de hombros: «Bueno, como le

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dijo un fontanero anarquista a otro: aplastemos la cisterna.»1 Nos subimos a la furgoneta. Knoxie está de lo más susceptible desde que volvió del cursillo ese de Supervisión Segunda Parte en las City Chambers.2 Parece que allí le comieron el tarro al cabrón. Después de la Primera Parte, era todo dulzura y alegría con nosotros. No era Knoxie. Nos parecía sospechoso que te cagas. Yo eché un vistazo a los apuntes que le dieron al cabrón. Dale que te pego con lo de motivar a la plantilla en un marco de liderazgo centrado en la acción. Dicen que no es tarea del supervisor hacer el trabajo, es tarea del supervisor asegurarse de que el trabajo se haga. Dicen que el supervisor logra que se haga el trabajo respondiendo a las necesidades individuales y de grupo de la cuadrilla. Así que le dimos la ba-rrila a Knoxie con aquello. Calum dijo que necesitaba ir a pillar algo de éxtasis para una fiesta al que iba a ir; Lozy le dijo que necesitaba pasar algún tiempo en un salón de masajes. Como grupo necesitábamos una sesión de priva de veinticuatro horas en el Blue Blazer. ¿Podía Knoxie arreglarlo todo? Al cabrón no le hizo ninguna gracia. Dijo que no se trataba de eso y que no deberíamos haber mirado sus notas a menos que nos hubiéramos apuntado al curso.

De todos modos, no duró mucho. Pronto regresamos al viejo Knoxie de siempre. Así que teníamos bastantes ganas de perderle de vista un par de días, cuando van y le ponen a hacer la Segunda Parte. No sé lo que le harían al hijoputa esta vez; fuese lo que fuese, se volvió más nazi aún si cabe. Ahora el des-graciao simplemente no atiende a razones. Y Lozy tiene razón. Es casi seguro que el atasco está en el alcantarillado. No tenemos las herramientas para bajar ahí, aunque ése fuera nuestro cometido.

Donde los pisos huele que apesta. Hay un policía por ahí de pie como un gilipollas de repuesto. Un chico que es funcionario de la vivienda y una chica que es asistenta social están con el capullo del viejo en un sofá con unos formularios, tratando