Aquella tarde Smith cogió el autobús para ir a casa, pues llovía con fuerza. Examinando la edición de prensa de la tarde tomó nota de que Paul McCallum, de dieciocho años, estaba en la unidad de urgencias de la Royal Infirmary, entre la vida y
86
la muerte, después de haber sido víctima en el centro durante la tarde anterior de un ataque aparentemente inmotivado. Espero que el chico logre salvarse, pensó Smith. Su reflexión fue que la vida humana debía ser sagrada, que tenía que ser la cosa más importante del mundo. Seguía sin haber noticia alguna de Amanda Heatley, la niña secuestrada. Smith fue a su piso, probó la cámara, y a continuación vio otro vídeo más.
Resulta difícil engancharse al vídeo. La mente de Smith se extravía. Intenta obligarse a sí mismo a sentirse dolido, se fuerza a pensar en Julie. ¿La amaba? Él cree que sí. No puede estar seguro, porque siempre que se inicia en su pecho esa sensación de arrobamiento, algo parece simplemente apagarla.
Al día siguiente Smith observa que no hay nada sobre Paul McCallum en el periódico. No sabe si eso es bueno o malo. ¿Qué significa no hay noticias? Abre el ejemplar de Halliwell’s y tiembla de emoción. El libro está terminado. Todas las películas que hay en el listado han sido vistas y reseñadas. Las palabras que Mike Flynn había pronunciado en la oficina volvieron a atormentarle: ¿Qué pasará cuando las hayas tachado todas? El rotulador de subrayar pasa por encima del título: Tres solteros y un biberón. Piensa brevemente en Amanda Heatley. Un hombre y una damita. En general la vida real era menos sentimental que Hollywood. Entonces algo sacude a Smith. Se da cuenta de que, de todos los titulares, éste, el último, es el único que ha calificado jamás con un cero. Escribe al margen:
0. VOMITIVO SENTIMENTALISMO YANQUI, UN DESENLACE TODAVÍA MÁS REPUGNANTE QUE EL ORIGINAL.
Entonces vacila: sin duda tiene que haber habido una película peor que ésa. Comprueba la cabecera que hay para la producción El Paso, producida, dirigida, escrita, protagonizada y con banda sonora de Marty Robbins, pero no, ésa obtuvo un punto. Comprueba algunas de las películas británicas, porque si hay algo que los británicos sepan hacer, es películas horribles, pero incluso Sammy y Rosie se lo montan obtuvo dos puntos. Ya es hora, decide. Se levanta y pone otra cinta de vídeo en el aparato. Se queda mirando la pantalla.
87
El vídeo que mira Smith muestra a un hombre subiendo a una escalera diligentemente, pero mirando al mismo tiempo directamente a la cámara. Sus ojos están llenos de temor, observando a Smith fijamente. Smith siente y refleja su temor y vuelve a mirar directamente a la pantalla. Todavía mirando, el hombre se estira para coger una cuerda con un nudo corredizo que está atada a un par de vigas de pino decorativas pero resistentes colocadas en paralelo. Se coloca el nudo alrededor del cuello, lo aprieta y aparta la escalera de una patada. Smith siente cómo queda suspendido en el aire y experimenta desorientación al balancearse y sacudirse la habitación y nota un peso tensándose alrededor de su cuello, ahogándole. Da vueltas en el aire y vislumbra a la figura de la pantalla por el rabillo del ojo; pataleando, balanceándose, muriendo. Smith intenta gritar ¡CORTEN!, pero no puede articular sonido alguno. Cree que la vida humana es importante, siempre sagrada. Lo piensa, pero sus brazos no pueden alcanzar las vigas para soportar su peso ni tampoco liberar la cuerda que aprieta su cuello. Se asfixia; la cabeza le cuelga a un lado y el pis le chorrea por la entrepierna.