Salió de la cama y envolvió su pudorosa desnudez con un salto de cama. Cruzándose con su padre al salir de la habitación, oyó cómo el viejo le decía: Vaya, Edipo, eres un complejo hijo de puta, ya lo creo.
LA HIJA DE PUTA CRUEL Y EL CABRÓN EGOÍSTA SE LO MONTAN
Ella era una hija de puta cruel; él un cabrón egoísta. Tropezaron literalmente el uno con el otro en un pub del Grassmar-ket. Se conocían vagamente de algún lugar que ninguno de los dos podía recordar. O al menos eso se contaron el uno al otro y a sí mismos.
Ella estuvo de lo más grosero, pero a él no le importaba puesto que todo le resultaba indiferente salvo la pinta de eighty shillings1 que se estaba echando al coleto. Decidieron volver a casa de ella para echar un polvo. Él no tenía sitio propio;
1. Variedad de cerveza así llamada porque originariamente pagaba ochenta chelines de impuestos por barril. Equivale a la export. (N. del T.)
puesto que sus padres se lo daban todo hecho, no veía demasiadas razones para buscarse uno.
Incorporada en la cama, ella lo contempló mientras se desnudaba. Frunció el ceño con un gesto desdeñoso cuando él se quitó sus calzones color púrpura. «¿A quién esperas satisfacer con eso?», preguntó ella.
«A mí mismo», dijo él, metiéndose en la cama junto a ella.
Después del evento, ella menospreció amargamente su actuación con un vitriolo que hubiera hecho jirones el frágil ego sexual de la mayoría de los hombres. Él apenas escuchó una palabra de lo que dijo. Sus últimos pensamientos, mientras caía en un sopor alcohólico, tenían que ver con el desayuno. Esperaba que ella tuviese abundantes provisiones en casa y que supiera hacer una buena fritanga.
En cuestión de pocas semanas estaban viviendo juntos. La gente dice que parece irles bien.
MUCHA RISA Y MUCHO SEXO
Tú dijiste, cuando nos embarcamos en esta gran aventura juntos, que en una relación era esencial que hubiese mucha risa.
Yo estuve de acuerdo.
También hiciste notar que eran igualmente importantes grandes dosis de sexo.
De nuevo, yo estuve de acuerdo. De todo corazón.
De hecho, me acuerdo de tus palabras exactas: la risa y el sexo son el barómetro de una relación. Ésa fue tu afirmación, si no recuerdo mal.
No me entiendas mal. No podría estar más de acuerdo. Pero no al mismo tiempo, vacaburra de mierda.
ROBERT K. LAIRD: UN HISTORIAL SEXUAL
Rab no ha echado un polvo en la vida; pobre capullín. Eso sí, no parece que le importe mucho.
76
SNUFF1
La pantalla del televisor parpadeó luminosamente en la oscuridad cuando aparecieron los títulos de crédito al final de la película. Ya queda menos, observó Ian Smith, estirándose para alcanzar su manoseada copia de Halliwell’s Film Guide. Con un rotulador amarillo fluorescente, subrayó el titular en grandes letras de imprenta: Uno de los nuestros. En el margen escribió con mayúsculas pequeñas:
8. MAGNÍFICA, OTRA FASCINANTE ACTUACIÓN DE DE NIRO. SCORSESE, MAESTRO INDISCUTIBLE EN SU GÉNERO.