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Copón, menos mal que se fueron sin mirarme los bolsillos. Yo pensé: De todas formas, eso les habrá amargado la jeta a esos cabrones, mientras iba tambaleándome a casa de mi madre para limpiarme. Tenía la nariz rota y dos costillas fracturadas. Tuve que ir a urgencias. Mamá dice que nunca debí haberme liado con Katriona Doyle. Ahora es fácil de decir, le dije, pero fíjate, si no lo hubiera hecho, por hablar y tal, supongamos que no lo hubiera hecho; nunca habríamos tenido a la pequeña Chantel y eso. Tienes que mirarlo así. Sí, tienes razón, dijo mamá, está hecha una princesita.

La cosa es que algún capullo de nuestra escalera había llamado a la poli. Estaba yo pensando que podría haber un dinero para mí por la agresión. Les di una descripción falsa de dos tíos que no se parecían en nada a Larry y Mikey. Pero en-

tonces los polis me hablaron como si pensaran que el criminal era yo, que yo era el cabrón que tenía la culpa. Yo, con la cara como un pedazo de fruta pasada, dos costillas fracturadas y la nariz rota.

Larry y ella se marcharon del piso de arriba después de eso y yo no pensé más que: Que se vayan con viento fresco. Creo que el ayuntamiento les expulsó por atrasos en los pagos; los realojó en otro barrio. La cría estaba mejor en casa de mamá y yo conseguí un empleo, un trabajo como tiene que ser, no en un cursillo de formación. Era en un supermercado; amontonar cosas en los estantes y comprobar las existencias, ese tipo de cosas. No estaba mal: te ofrecían mogollón de horas extra. El dinero no era una maravilla, pero me mantenía alejado del pub, sabes, con eso de trabajar tantas horas y tal.

Las cosas marchan bastante bien. He estado follándome a un par de periquitas últimamente. Está la chica esta del supermercado, está casada, pero no vive con el tío. Está bien, una chica limpia y tal. Y también están las periquitillas de por el barrio, algunas aún van al colegio. Suben un par de ellas a la hora de cenar si no tengo turno de tarde. Una vez que llegas a conocer a una ya estás metido. Vienen todas; sólo busca- un sitio donde juguetear porque no tienen nada que hacer. Puedes sacarles un magreo o una mamada. Como te digo, algunas, especialmente la pequeña Wendy esa, están por la labor de echar un polvo. Pero ni de coña quiero yo meterme en nada fuerte otra vez.

En cuanto a ella, es la primera vez en siglos que la veo.

«Cómo está Larry?», le pregunto, inclinándome para golpear sobre una rayada parcialmente oculta. Un tío está mirando de soslayo y dice que eso no vale. El chico de la Panadería Crawford va y dice: «¡Eh, tú! ¡El puto almirante Nelson! Deja al chaval que juegue a su manera. ¡Nada de consejos desde las líneas de banda!»