Podrían haberme enchironado. A la sombra; un montón de putos años podrían haber sido. Años a cuenta de los Doyle y la zorra de su hermana. De todas formas, yo nunca me la jugué con los Doyle. Nunca jamás. Así que no toqué a Katriona aquella noche y dormimos en habitaciones distintas; yo en el sofá y tal.
Fue justamente después cuando empecé a salir por ahí con
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Larry, el de arriba. Su mujer acababa de dejarle y estaba solo. Para mí era, cómo te diría, cuestión de seguridad: Larry era un majaron, uno de los pocos tíos que vivían en el barrio al que hasta los Doyle respetaban un poco.
Estaba trabajando en lo de la Formación para el Empleo. Pintura. Estaba pintando las viviendas de protección oficial para la gente mayor y tal. Pasaba fuera la mayor parte del tiempo. El caso es que, cuando volvía, o me encontraba a Larry en nuestra casa o a ella en la suya. Siempre medio pedos; los dos. Sabía que él se la follaba. Entonces ella empezó a quedarse arriba algunas noches. A continuación se fue a vivir con él del todo, dejándome a mí abajo con la cría. Eso supuso tener que dejar de pintar; por el bien de la cría y tal, ¿sabes?
Cuando me llevaba a la cría a casa de mi madre o de compras en su carrito, a veces los veía a los dos en la ventana. Se reían de mí. Un día vuelvo a casa y veo que alguien ha forzado la puerta; la tele y el vídeo no están. Sabía quién se los había llevado, pero no podía hacer nada. No contra Larry y los Doyle.
El ruido que hacían no nos dejaba dormir, ni a mí ni a la cría. Su cría. El ruido que hacían cuando follaban, cuando discutían, cuando estaban de fiesta.
Entonces un día llaman a la puerta. Era Larry. Entró en el piso sin más, apartándome de un empujón, cascando de esa forma excitada y rápida que tiene él. Todo bien, colega, dice. Escucha, necesito que me hagas un pequeño favor. Los cabrones de la electricidad acaban de cortarme la luz, eh.
Se acerca a la ventana del cuarto de estar, la abre e introduce el cable ese que cuelga desde arriba, de su cuarto de estar. Lo coge y lo encaja en uno de mis enchufes. Ya está, todo arreglado, dice sonriéndome. Eh, salgo yo. Me dice que arriba tiene una alargadera con un ladrón, y que sólo necesita acceso a una toma de corriente. Le digo que se está pasando, que es mi electricidad la que está usando y me acerco a quitarla. Suelta él: «Como toques ese puto cable o ese puto interruptor, ¡eres hombre muerto, Johnny! ¡Te lo advierto!» Lo dice en serio.
Entonces Larry empieza a contarme que todavía considera que somos colegas, a pesar de todo. Me dice que iremos a me-
dias con los recibos, lo cual yo sabía que no sucedería. Yo dije que sus recibos serían mayores que los míos porque a mí ya no me queda nada en casa que gaste electricidad. Pensaba en el vídeo y en la tele que sabía que él tenía arriba. Va y dice: ¿Y eso qué se supone que quiere decir, Johnny? Yo no digo más que: Nada. Él dice: Más vale que no quiera decir nada, joder. Después de eso no dije nada porque Larry está loco; un pirado total.