Val me miró nerviosa.
«Sí», empecé, reparando en que el sofá estaba colocado justamente enfrente del tanque de Keith, «decididamente creo que sí.»
59
UN BLANDENGUE
Durante un tiempo las cosas fueron bien con Katriona, pero conmigo se pasó. Y eso no se puede olvidar así como así. El otro día entró en el pub, mientras yo jugaba a la tragaperras y tal. Era la primera vez en siglos que la veía.
«Veo que sigues jugando a las tragaperras, John», dice con ese tono de voz suyo nasal y mangui.
Iba a decir algo así como: Nah, estoy nadando en la puta piscina municipal, pero me limité a decir: «Sí, eso parece.»
«¿No tendrás dinero como para invitarme a una copa, John?», me preguntó. Katriona parecía hinchada; más hinchada que nunca. Puede que estuviera embarazada otra vez. Le gustaba tener bombo, y todas las zalamerías que hace la gente. Para los crios nunca tenía tiempo, pero le gustaba llevar bombo. El caso es que la gente armaba menos revuelo cada vez. Aburría ya; además, ya sabían cómo era.
«¿Ya estás en estado otra vez?», pregunté, concentrándome en sacarle algo a la tragaperras. Las uvas. Por su sitio.
Apueste.
Recoja.
Pulse recoja.
Fichas. Siempre las putas fichas. Creía que Colin me había dicho que la máquina nueva pagaba en metálico.
«¿Tanto se nota, Johnny?», suelta ella, se levanta la blusa a cuadros y se baja las mallas, dejando ver una abultada tripa. Entonces pensé en sus tetas y su culo. No me puse a mirarlas, no me quedé mirándola ni nada de eso; sólo pensé en ellas. Katriona tenía un estupendo par de tetas y un cu-
fi.0
lo de miedo. Eso es lo que me gusta en una periquita. Tetas y culo.
«Estoy jugando», dije, sorteándola hasta llegar al billar. El chico de la Panadería Crawford le había ganado a Bri Ramage. No debe de ser mal jugador. Saqué las bolas y las coloqué. El chico de Crawford’s parecía bueno.
«¿Cómo está Chantel?», suelta Katriona.
«Bien», digo yo. Debería pasarse por casa de mi madre y ver a la cría. No es que allí la vayan a recibir con los brazos abiertos, sabes. Pero es su cría, y algo querrá decir. Ahora que caigo, yo también tendría que ir. También es mi cría, pero yo la quiero. Todo el mundo lo sabe. Pero una madre, una madre que abandona a su criatura, que no se preocupa por su criatura, eso no es una madre, no una madre de verdad. Para mí no. Eso es una puta guarra, una marrana, eso es lo que es. Una ordinaria, como dice mi madre.
Me pregunto de quién será la criatura que espera. Probablemente de Larry. Espero que sí. Se lo tendrían merecido los muy cabrones; los dos. Eso sí, lo siento por la criatura. Abandonará a esa criatura igual que a Chantel; igual que a los otros dos crios que tuvo. Otros dos crios de los que yo no supe nada hasta que los vi en la boda.