«¿Qué cojones has dicho?», se incorporó, pálidos nudillos sobre la mesa.
«Campos de adormidera. Opio. Crece en campos», mascullé.
Su mano va a parar detrás de mi cuello y aprieta. No deja de apretar. Es como si estuviese viendo cómo estrangulan hasta morir a algún otro cabrón. Le agarro el brazo con ambas manos, pero no puedo romper su presa. Lo hace Chico de Plata. «Déjalo, George. Ya basta. Recupera el aliento, hijo.» La cabeza me late implacablemente y me siento como si nunca más fuera a poder llenar mis pulmones a plena capacidad.
«Conocemos el percal, hijo; te hemos preparado una declaración para que la firmes. Ahora bien, yo no quiero que fir-
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mes algo con lo que no estés satisfecho. Tómate tu tiempo. Mírala bien. Léela. Asimílala. Como te he dicho, tómate tu tiempo. Cualquier cosa que quieras cambiar, podemos cambiarla», bisbiseó dulcemente.
El tío más moreno dejó a un lado su tono hostil. «Entréganos al wog,’ hijo, y te puedes marchar de aquí ahora mismo con esto. La mejor mandanga farmacéutica, ¿eh, Fred?» Agitó el jaco provocativamente delante de mí.
«Eso me han contado, George. Venga, Euan, no te compliques la vida. Pareces un tipo bastante decente, a pesar de las apariencias. Estás metido en un follón bastante gordo, macho.»
«Jocks, ingleses, qué más da, ¿no es así? Somos todos blancos. ¿Vas a pasarte una temporada a la sombra por un maldito Congo?2 Espabila, Jock. Enchironan a un puto piel de caca más, ¿y a ti qué, eh? No es que escaseen precisamente, ¿verdad?»
La Met? Los cabrones de camisa blanca. Le dieron una somanta a Drew, cuando bajó desde Monktonhall a Orgreave durante la huelga del 84. Ahora querían a Donovan. El color de piel equivocado. Van a hacerle pasar por un Capo. Esta declaración parece sacada de Agatha Christie. ¿Qué pasa con Ange? Probablemente se haya ido de la lengua con todo dios para salvar el pellejo. Estoy empezando a encontrarme chungo, chungo de verdad. Si firmo me dan el jaco, puedo montármelo bien. Contar a los periódicos la historia de cómo obtuvieron la confesión, no tienen una puta mierda a la que AGARRARSE. Dolor. Envenenar a Don. ECHARLE HUEVOS dolor jaco DAME LA PUTA PLUMA meterán a Don en la trena, le meterán en la trena por nada Agatha Christie de mierda dame la PUTA PLUMA.
«Dame la pluma.»
«Sabía que entrarías en razón, Jock.»
Me metí el paquete de polvos, mis treinta monedas de plata, en el bolsillo. Rompieron en pedacitos la hoja de cargos.
1. Término racista que designa a negros e indios. (¿V. del T.)
2. Término racista. (N. del T.)
3. La Policía Metropolitana. (N. del T.)
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Era libre de marcharme. Cuando llegué a recepción, Ange estaba allí sentada. Sabía que ella también se había vendido. Me miró con amargura.
«Venga, vosotros dos», dijo un poli chupatintas. «Podéis iros, y no os metáis en líos otra vez.» Los dos polis que me habían interrogado estaban allí de pie, detrás de él. Me alegré de marcharme. Ange estaba tan ansiosa que se fue directamente contra la puerta de cristal blindado precisamente cuando el poli nos decía que anduviéramos con ojo. Se produjo un ¡zas! cuando el cristal y su cabeza chocaron. Pareció salir rebotada, vibrando, como los personajes de los dibujos animados. Yo me reí de puro nerviosismo, uniéndome a las carcajadas de los polis.