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—Es su representante. Dios mío, ¿es que tengo que decirle yo todo? A Hugh le encantan esos grupos jóvenes de ahora, ¿sabe? Vain Shadows, Change and Decay... —añadió sonriendo al ver que Rebus no los conocía.
—Me informaré con alguno de mis colegas jóvenes —dijo él y ella se echó a reír.
Fue a la cantina a por dos cafés. La hamburguesa se le había indigestado y pasó por su mesa para tomarse dos Rennies. En otra época era capaz de comer lo que fuese a cualquier hora del día, pero ahora parecía que su estómago se hubiese tomado la jubilación anticipada. Cogió el teléfono y llamó a Lorna Grieve, cavilando en que hasta entonces Josephine Banks no había mencionado a Seona Grieve; se las había arreglado para omitirla totalmente en la conversación sacando a colación a la primera esposa de Grieve, Billie Collins. En casa de los Cordover no contestaban. Volvió al cuarto de interrogatorios con los cafés.
—Tenga, señorita Banks.
—Gracias —la encontró en la misma postura como si no se hubiera movido mientras él estaba fuera—. Me he estado preguntando —dijo ella— cuándo va a interrogarme. Quiero decir que todo lo que hemos hablado son simples circunloquios en torno a lo otro, ¿no?
—No la sigo —dijo Rebus sacando el bloc y el bolígrafo del bolsillo y dejándolos en la mesa.
—Lo de Roddy y yo —dijo ella inclinándose—. Nuestra relación. ¿Entramos ya en eso? —Rebus dijo que sí y cogió el bolígrafo.
—Es lo que pasa en la política —dijo ella haciendo una pausa—. Bueno, realmente en cualquier profesión en que trabajan dos personas juntas —añadió dando un sorbo al café—. Un político no es nada sin chismorreos. Yocreo que espor falta de carácter, pues hablar mal de los demás resulta facilísimo.
—Entonces, ¿esa relación era inexistente?
Ella le miró sonriente.
—¿Es esa la impresión que le he dado? Habría debido decir la supuesta relación —añadió inclinando levemente la cabeza como disculpándose—. ¿No estaba usted al corriente?
Rebus negó con un gesto.
—Yo pensaba que con tanto interrogatorio le habrían... —dijo irguiéndose en el asiento—. Bueno, tal vez yo los juzgaba mal.
—La verdad es que es usted la primera persona a quien interrogamos.
—Pero habrá hablado con el clan.
—¿Se refiere a la familia Grieve?
—Sí.
—¿Ellos sí lo saben?
—Lo sabe Seona y supongo que no se lo habrá callado.
—¿El señor Grieve se lo contó a ella?
Ella volvió a sonreír.
—¿Por qué iba a contárselo? Era un simple infundio. Si alguien dice algo malo de usted, ¿se lo contaría a su esposa?
—Bien, ¿cómo lo supo la señora Grieve?
—Por el medio habitual: el viejo amigo Anónimo.
—¿Por carta?
—Sí.
—¿Una sola carta?
—Pregúntele a ella —respondió Banks dejando el vaso en la mesa—. Está deseando fumar un cigarrillo, ¿verdad? —Rebus se la quedó mirando y ella señaló con la cabeza el bolígrafo que él tenía a la altura de la boca—. No para de hacer ese gesto y ojalá no lo hiciera —añadió.