Back En la oscuridad Save as PDF
Contents ( 3)
  1. PRIMERA PARTE
  2. SEGUNDA PARTE
  3. TERCERA PARTE

—¿Tú qué crees? —preguntó.

—Del Gólgota al Calvario sin billete de vuelta posible —dijo Rebus.

—Anda que no exageras.

—¿Sabes lo que más me fastidia? Que nos van a crucificar por esto mientras que al cabrón de Linford le dan una medalla.

—Bueno, nosotros al menos podemos comer sólido —comentó ella tirando el tenedor al plato.

40

—¿Por qué me has citado aquí? —preguntó Rebus.

Iban por un camino helado del parque del tanatorio de Warriston. Big Cafferty llevaba una cazadora de aviación de cuero negro con cuello de piel y la cremallera cerrada hasta arriba.

—¿No recuerda que dimos juntos un paseíto hace años?

—Por el lago de Duddingston —dijo Rebus asintiendo con la cabeza—. Sí que me acuerdo.

—¿Y no recuerda lo que le dije? Rebus pensó un instante.

—Dijiste que somos una raza cruel, pero que también nos complace sufrir.

—Nos crecemos en la derrota, Hombre de paja, y ahora con el Parlamento seremos dueños de nuestros destinos por primera vez en tres siglos.

—¿Y qué?

—Que ha llegado tal vez la hora de mirar al futuro y olvidar el pasado —respondió Cafferty deteniéndose. Su hálito salía en forma de vapor gris—. Pero usted... es incapaz de olvidar el pasado, ¿verdad?

—¿Me has traído al parque de un tanatorio para decirme que vivo anclado en el pasado?

Cafferty se encogió de hombros.

—Que todos tengamos que convivir con el pasado no significa que tengamos que vivir en él.

—¿Es un recado de Bryce Callan?

Cafferty le miró.

—Sé que anda detrás de Barry Hutton. ¿Cree que logrará algo?

—A veces sucede.

Cafferty ahogó la risa.

—Bien lo sé por experiencia —comentó reanudando el paseo. Las únicas flores que había eran rosas, en unas ramas podadas, de aspecto frágil y raquítico, hibernando con la promesa de la renovación. «Como nosotros, espinas incluidas», pensó Rebus—. Morag murió hace un año —añadió Cafferty, refiriéndose a su esposa.

—Sí, me enteré.

—Me dijeron que me autorizaban asistir al entierro —dijo Cafferty dando un puntapié a una piedra que fue a parar a un parterre—. No quise ir. Los de la cárcel pensaron que me había endurecido —añadió con una sonrisa irónica—. ¿Usted qué cree?

—Que tenías miedo.

—Quizá fuera eso —dijo mirándole otra vez—. Bryce Callan no perdona igual que yo, Hombre de paja. Usted logró encerrarme y sigue en ello, pero ahora Bryce sabe que anda detrás de Barry y tendrá que ponerle fuera de juego.

—Con lo cual también se la juega.

—No es tan idiota. No olvide que donde no hay cadáver no hay crimen.

—¿Me hará desaparecer?

Cafferty asintió con la cabeza.

—Obtenga buenos resultados o no —contestó deteniéndose—. ¿Es eso lo que busca?

Rebus se detuvo igualmente y miró a su alrededor como quien lo ve todo por última vez.

—¿Y a ti qué más te da?

—A lo mejor es que me agrada verle vivo.

—¿Por qué?

—¿Quién, si no, se ocupa de mí? —replicó Cafferty ahogando la risa.

Rebus vio a lo lejos el coche del gánster, el Jaguar gris, y al lado, al Comadreja, sin atreverse a recostarse en él, moviendo alternativamente los pies para calentárselos.