Back En la oscuridad Save as PDF
Contents ( 3)
  1. PRIMERA PARTE
  2. SEGUNDA PARTE
  3. TERCERA PARTE

La señora Ure, al no poder permanecer al lado de su esposo, estaba de pie pegada al hombro del abogado, quien se rebullía incómodo. Aumentaba el calor y la atmósfera iba cargándose a juzgar por el vaho en los cristales de la ventana con vistas a la parte trasera de la casa, que daba a un extenso césped circundado de árboles y arbustos. Cerca de la ventana había una pértiga–comedero para pájaros a la que se acercaban de vez en cuando herrerillos y gorriones, decepcionados al no encontrar pitanza.

—Moriré de aburrimiento —comentó Archie Ure sorbiendo zumo de manzana.

—No sabe cuánto lo siento —replicó Rebus—. Procuraré evitarlo.

Abrió la segunda caja para sacar una carpeta de papel manila, que, por su grosor, causó un fugaz desaliento en Ure; pero Rebus cogió una sola hoja y la colocó, imitando al abogado, sobre los expedientes de la investigación, a guisa de pupitre.

—Creo que podemos empezar —dijo, mientras Siobhan se agachaba a conectar la grabadora haciéndole seña con la cabeza cuando se puso en marcha.

Rebus dijo su nombre y cargo y pidió a los presentes que hicieran lo propio.

—Señor Ure, ¿conoce a un tal Barry Hutton? —preguntó.

Era una pregunta que Ure se esperaba.

—Es un promotor inmobiliario —contestó.

—¿Le conoce personalmente?

Ure dio otro sorbo de zumo.

—Yo dirijo el Departamento de Urbanismo del ayuntamiento y el señor Hutton nos presenta muchos proyectos.

—¿Cuánto tiempo hace que está al frente del Departamento de Urbanismo?

—Ocho años.

—¿Y anteriormente?

—¿A qué se refiere?

—Me refiero a los cargos que ha desempeñado.

—Hace casi veinticinco años que soy concejal y he desempeñado muchos cargos en distintas ocasiones.

—¿De urbanismo principalmente?

—¿Por qué lo pregunta si lo sabe?

—¿Le consta así a usted?

Ure torció el gesto.

—En veinticinco años hace uno muchas amistades —replicó.

—¿Y esas amistades le han dicho que hemos estado indagando?

Ure hizo un gesto afirmativo y volvió a beber zumo.

—El señor Ure asiente con la cabeza —dijo Rebus para la grabadora.

Ure levantó la vista. Se advertía en su ojos un destello de odio, pero al mismo tiempo un regocijo íntimo por aquel juego, que no otra cosa era para él. No podían pillarle y él no iba a declarar nada incriminatorio.

—Formó parte del Consejo de Urbanismo a finales de los setenta —prosiguió Rebus.

—Del setenta y ocho al ochenta y tres —puntualizó Ure.

—Se tropezaría con Bryce Callan...

—En realidad no.

—¿Qué quiere decir exactamente?

—Quiero decir que le conozco de nombre —Ure y Rebus vieron que el abogado tomaba nota en el bloc. Rebus advirtió que utilizaba una estilográfica y que escribía con letra grande e inclinada—. Pero no recuerdo haber visto jamás su nombre en un proyecto aprobado.

—¿Y Freddy Hastings?

Ure asintió despacio; sabía que también aquel nombre saldría a relucir.

—Hastings tuvo contactos con el departamento a lo largo de varios años. Era un tanto polifacético y le gustaba jugar. Como a todos los promotores.

—¿Hastings era buen jugador?