Back En la oscuridad Save as PDF
Contents ( 3)
  1. PRIMERA PARTE
  2. SEGUNDA PARTE
  3. TERCERA PARTE

Alicia iba a discutir pero dio un profundo suspiro y asintió con la cabeza. Lorna dejó los cuadros junto a la pared y se incorporó sacudiéndose el polvo de las manos.

—Algunos de éstos hará cuarenta años que los pintaste.

—Pues casi seguro. Tal vez más —comentó la madre—. Pero perdurarán después de mi muerte. Sólo que no significarán lo mismo.

—¿Por qué? —preguntó Siobhan como obligada.

La anciana la miró.

—Para mí tienen un sentido intransferible a otra persona.

—Por eso están ahí —añadió Lorna— y no en el salón de un coleccionista.

Alicia Grieve asintió con la cabeza.

—Su valor es inapreciable. Lo personal es lo único que permite a los seres humanos distinguirse de los animales —dijo súbitamente animada soltando la mano de Rebus—. El té —bramó dando una palmada—. Vamos a tomar el té.

Rebus se preguntó si no habría alguna posibilidad de un traguito de whisky con el té.

Se sentaron en el salón para charlar de cosas intrascendentes mientras Lorna se afanaba en la cocina, de donde regresó momentos después con una bandeja.

—Seguro que se me ha olvidado algo —dijo—. Preparar el té no es mi fuerte —añadió mirando a Rebus al decirlo; pero éste tenía la vista clavada en la chimenea—. ¿Desea algo más fuerte, inspector? Creo recordar que le gusta el whisky.

—No, muchas gracias —contestó él al sentirse obligado a rechazar la oferta.

—El azúcar —dijo Lorna mirando la bandeja—. Ya decía yo —añadió yendo hacia la puerta, aunque volvió a sentarse cuando Siobhan y Rebus comentaron que no tomaban.

En una fuente había galletas integrales desmenuzadas que ellos rehusaron pero Alicia cogió una, la mojó en el té y se deshizo; todos simularon no ver cómo recogía los pedazos y se los llevaba a la boca.

—Bien —dijo Lorna al fin—, ¿qué les trae a Happy Acres?

—Puede ser algo o nada —dijo Rebus—. La agente Clarke está investigando el suicidio de un mendigo que al parecer se interesaba mucho por la familia Grieve.

—¿Ah, sí?

—Y el hecho de su suicidio nada más producirse el asesinato...

Lorna se inclinó atenta en el asiento mirando a Siobhan.

—¿No será por casualidad ese vagabundo millonario?

Siobhan asintió con la cabeza.

—Aunque no era realmente millonario —dijo.

—¿Recuerdas que me lo comentaste? —preguntó Lorna a su madre.

La anciana asintió automáticamente como si no hubiese escuchado. Lorna se volvió hacia Siobhan.

—¿Qué tiene que ver con nosotros?

—Nada, quizá —contestó Siobhan—. El difunto se hacía llamar Chris Mackie. ¿Le dice algo ese nombre?

Lorna reflexionó un buen rato y dijo que no.

—Tenemos unas fotos —añadió Siobhan tendiéndoselas y mirando a Rebus.

—Qué ser tan siniestro, ¿no creen? —comentó Lorna mirando las fotos.

Siobhan seguía mirando a Rebus como instándole a que planteara él la pregunta.

—Señora Cordover —dijo él—, lo que voy a preguntarle es algo delicado.

—¿Qué es? —replicó ella mirándole.

Rebus respiró profundamente.

—Está mucho más viejo... por vivir a la intemperie, pero... ¿no podría, quizá, ser Alasdair?