Todo cuanto he dicho es cierto, pero la pura verdad es que quiero despedirme de nuestra antigua casa
a solas. A solas: ahora me resulta más natural de esa manera.
Cuando entro en el vestíbulo, intento no dejar que los viejos recuerdos inunden mi mente. No pienso
en nada más que en espacios blancos, flores blancas, una alfombra blanca y paredes blancas. No pienso
en él. Sólo en espacios, flores y paredes blancas. En él, no.
Sin embargo, mi mente tiene otros planes para mí, y poco a poco las paredes blancas se tiñen de
negro, la alfombra está cubierta de pintura negra y las flores se pudren y se transforman en hojas
marchitas que caen sin remedio.
Sólo he venido para recoger algunas cosas, sólo una caja de ropa y una carpeta de la facultad, eso es
todo. No me llevará más de cinco minutos. Cinco minutos no es tiempo suficiente como para sucumbir de
nuevo a la oscuridad.
Ya han pasado cuatro días, y cada vez me siento más fuerte. A cada segundo que paso sin él, me va
costando menos respirar. Volver aquí, a este apartamento, podría acabar siendo un golpe terrible para mi
progreso, pero necesito terminar con esto si quiero avanzar y no volver a mirar atrás. Me voy a Nueva
York.
Voy a renunciar a las clases del trimestre de verano, a las que había considerado asistir, para
familiarizarme con la ciudad que será mi hogar al menos durante unos años. Una vez allí, no me marcharé
hasta que termine la carrera. Otro traslado de expediente dañaría mi imagen, de modo que tengo que
quedarme en un mismo sitio hasta que acabe. Y ese sitio será Nueva York. Me da miedo pensarlo, y a mi
madre no le va a hacer ninguna gracia cuando se entere, pero no es decisión suya, sino mía, y por fin
estoy tomando decisiones basándome únicamente en mis necesidades y en mi futuro. Mi padre habrá
terminado su programa de rehabilitación para cuando me haya establecido, y, si es posible, me encantaría
que viniera a visitarnos a Landon y a mí.
Empiezo a agobiarme al pensar en mi falta de preparativos para esta mudanza, pero Landon me
ayudará a resolver todos los detalles; nos hemos pasado los últimos dos días solicitando una beca tras
otra. Ken ha redactado y enviado una carta de recomendación, y Karen me ha estado ayudando a buscar

trabajos a tiempo parcial en Google. Sophia también ha venido todos los días para informarme de los
sitios que están más de moda y para advertirme de los peligros de vivir en una ciudad tan inmensa. Ha
tenido el detalle de ofrecerse a hablar con su jefe para que me dé un empleo de camarera en el restaurante
en el que ella misma trabajará.
Ken, Karen y Landon me han recomendado que simplemente me traslade a la nueva oficina que la
editorial Vance abrirá allí en los próximos meses. Vivir en Nueva York sin ningún tipo de ingreso será