Viste una camisa cuidadosamente planchada y unos caquis. Me resulta extrañamente familiar.
Cuando una mujer morena, menuda y muy embarazada aparece por detrás de él, me hundo en la silla
de plástico. ¿Cómo no? Tenía que estar borracho y en el hospital para que me miren la mano rota justo
en el momento en que ella se pone de parto y llega también.
—¿Puede ayudarnos alguien? —dice el hombre, paseando histérico de un lado a otro—. ¡Necesita
una silla de ruedas! ¡Ha roto aguas hace veinte minutos y tiene contracciones cada cinco!
Sus gritos están poniendo algo nerviosos al resto de los pacientes, pero la mujer embarazada se echa a
reír y coge al hombre de la mano. Así es Natalie.
—Puedo caminar, estoy bien. Tranquilo.
Natalie le explica a la enfermera que su novio, Elijah, se preocupa sin motivo. Él continúa
paseándose, pero ella permanece relajada, casi como una azafata. Me echo a reír en mi asiento, y Natalie
se vuelve y me pilla mirando.
Una enorme sonrisa se dibuja en su rostro.
—¡Hardin! ¡Qué coincidencia! —¿Es ése el brillo de las mujeres embarazadas del que todo el mundo
habla?
—Hola —digo, y miro a todas partes menos a la cara de su novio.
—Espero que te encuentres bien. —Se acerca a mí mientras su hombre habla con la enfermera—.
Conocí a tu Tessa el otro día. ¿Ha venido contigo? —pregunta Natalie, buscándola por la sala.
«¿No debería estar gritando de dolor o algo así?»
—No, ella…, eh…
Empiezo a inventarme una explicación, pero justo entonces otra enfermera sale del mostrador de
ingresos y dice:
—Señora, cuando quiera, ya está todo preparado para usted.
—¡Vaya! ¿Has oído eso? El show debe continuar. —Natalie se da la vuelta, pero mira por encima del
hombro y se despide de mí con la mano—. ¡Me alegro de verte, Hardin!
Y yo me quedo ahí sentado, con la boca abierta.
Esto debe de ser alguna broma macabra divina. No puedo evitar alegrarme un poco por la chica; al
menos, no le arruiné la vida por completo… Aquí está, sonriendo y locamente enamorada, preparada para
dar a luz a su primer hijo mientras yo espero aquí solo, apestando y herido en esta sala de espera
atestada.
El karma me la está devolviendo.
CAPÍTULO 19
Tessa
—Gracias por traerme hasta aquí. Sólo quería dejar el coche y recoger las cosas que me faltaban —le
digo a Landon a través de la ventanilla del acompañante de su automóvil.
No tenía claro dónde dejar el coche. No quería dejarlo aparcado en casa de Ken, porque tenía miedo
de lo que Har… de lo que él dijera o hiciera cuando por fin se presentara para recogerlo. Estacionarlo en
el parking del apartamento tiene más lógica; es una buena zona, bien vigilada, y no creo que nadie
intentara robarlo sin que lo pillaran.
—¿Estás segura de que no quieres que suba contigo? Puedo ayudarte a bajar trastos —se ofrece
Landon.
—No, prefiero ir sola. Además, casi no queda nada. Sólo tendré que hacer un viaje. Pero gracias.