—Y ¿qué coño le pasa para estar saliendo con James?
—¡Os estoy oyendo, cabrones! —grita James desde la habitación.
Mark se echa a reír, mucho más fuerte que yo.
—No lo sé, pero él se comporta como una nenaza y se acojona cada vez que ella viene a visitarlo.
Vive en Escocia, así que sólo viene una vez al mes, pero siempre se pone como se ha puesto hoy.
Continuamente intenta impresionarla. Por eso se matriculó en la universidad, aunque ya ha suspendido
dos asignaturas.
—Y ¿por eso se folla a tu hermana todo el tiempo? —replico enarcando una ceja.
James nunca ha sido hombre de una sola mujer, eso desde luego.
Entonces asoma la cabeza por la esquina para defenderse.
—Sólo veo a Carla una vez al mes, ¡y hace semanas que no me follo a Janine! —nos suelta, y
desaparece de nuevo—. ¡Y ahora dejad de decir gilipolleces antes de que os eche de una patada en el
culo!
—¡Vale! Ve a afeitarte las pelotas o algo —lo provoca Mark, y me pasa el porro.
Le da un toquecito a la etiqueta de la botella de vodka que descansa entre mis piernas.
—Oye, Scott, a mí no me van estos rollos de las relaciones dramáticas y tal, pero quiero que sepas
que no engañas a nadie con este numerito.
—No es ningún numerito —replico.
—Claro, claro. Lo que quiero decir es que te has presentado en Londres después de desaparecer
durante tres años, por no hablar de esa piba que has traído contigo. —Sus ojos pasan de mi rostro a la
botella y de la botella al porro—. Y te estás poniendo hasta el culo. Además, creo que tienes la mano rota.
—Eso no es asunto tuyo. ¿Desde cuándo te preocupa que alguien se ponga hasta el culo? Tú lo haces
a diario.
Cada vez estoy más cabreado con Mark y con su repentina necesidad de meterse en mi puta vida.
Hago como que no he oído su comentario con respecto a mi mano, aunque he de admitir que se está
poniendo morada y verde. Sin embargo, es imposible que esa pared de mierda me haya roto la mano.
—No seas capullo; puedes beber y fumar todo lo que quieras. No te recordaba tan sensible; antes eras
duro de la hostia.
—No soy sensible; pero le estás dando importancia a algo que no la tiene. Esa chica es una chica más
de mi facultad. La conocí y me la tiré. Quería ver Inglaterra, así que ella pagó los billetes, y yo me la follé
de nuevo en los dominios de la reina. Fin de la historia. —Bebo otro trago de vodka para ahogar las
mentiras que salen por mi boca.
Mark sigue sin estar convencido.
—Lo que tú digas. —Pone los ojos en blanco, una costumbre molesta que se le ha pegado de su
hermana.
Cabreado, me vuelvo y lo miro a la cara, pero antes de empezar a hablar, siento cómo la bilis asciende
por mi garganta.