compensar el odio que sienten por sí mismos.
Es una batalla perdida y, por fin, después de todo este tiempo, estoy dispuesta a rendirme.
CAPÍTULO 15
Hardin
La voz de James resuena en mis oídos, y su pie descalzo me roza la mejilla.
—¡Tío, despierta! Carla está a punto de llegar, y estás acaparando el único baño que hay.
—Que te den —protesto, y cierro los ojos de nuevo.
Si pudiera moverme, lo primero que haría sería romperle los dedos de los pies.
—Scott, levántate de una puta vez. Puedes dormir la mona en el sofá, pero eres un puto gigante y
necesito mear y al menos intentar cepillarme los dientes. —Sus dedos de los pies empujan mi frente, e
intento incorporarme.
Me pesa todo el cuerpo, y me arden los ojos y la garganta.
—¡Vive! —grita James.
—¡Cierra la puta boca! —me tapo los oídos y camino hasta el salón.
Janine, medio desnuda, y Mark, con excesivo entusiasmo, están metiendo las botellas de cerveza
vacías y los vasos rojos de plástico en unas bolsas de basura.
—¿Qué tal el suelo del váter? —pregunta Mark con sorna y un cigarrillo colgando de los labios.
—Una pasada. —Pongo los ojos en blanco y me siento en el sofá.
—Estabas hecho una pena —dice con orgullo—. ¿Cuándo fue la última vez que bebiste así?
—No lo sé.
Me froto las sienes, y Janine me pasa un vaso. Niego con la cabeza, pero ella insiste.
—Sólo es agua.
—No, gracias. —No quiero ser grosero con ella pero, joder, qué incordio de tía.
—Estabas muy jodido —dice Mark—. Creía que esa americana…, ¿cómo se llamaba? ¿Trisha? —El
corazón casi se me sale del pecho con la sola mención de su nombre, aunque no sea el correcto—. ¡Creía
que iba a echar el piso abajo! Menuda fiera, la pequeña…
Imágenes de Tessa gritándome, estampando una botella contra la pared y alejándose de mí inundan
mi memoria. El peso del dolor en sus ojos me hunde todavía más en el sofá, y creo que voy a vomitar
otra vez.
Es lo mejor.
Lo es.
Janine pone los ojos en blanco.
—¿Pequeña? Yo no diría que era pequeña.
—Supongo que no estás metiéndote con su aspecto —espeto con voz fría, a pesar del impulso que
tengo de tirarle el vaso de agua a la cara. Si Janine piensa que es más guapa que Tessa es que está
esnifando más cocaína de lo que creía.
—No es tan delgada como yo.
«Otro comentario insultante de ese estilo, Janine, y haré añicos tu seguridad en ti misma.»
—No te ofendas, hermana, pero esa piba estaba mucho más buena que tú. Seguramente ésa debe de
ser la razón por la que Hardin está taaan coladito por ella —dice Mark.
—¿Coladito? ¡Venga ya! Si la echó de aquí casi a patadas. —Janine se echa a reír, y siento como si
alguien retorciera un cuchillo clavado en mis tripas.
—No lo estoy. —Ni siquiera puedo terminar la frase con la voz firme—. No volváis a nombrármela.