Back Amor infinito Save as PDF

detengo a tan sólo unos centímetros de distancia—, pero esto es todo lo que tendrás jamás. Así que

espero que lo disfrutes mientras dure.

—Lo haré —responde, y sus palabras me atraviesan como una puñalada. Otra vez.

—Vale, si no es tu novia… —le dice Mark a Hardin, lo que me recuerda que no estamos solos en la

habitación.

—Yo no soy la novia de nadie —espeto.

Mi actitud parece animar a Mark aún más; su sonrisa se intensifica, y me coge de la espalda en un

intento de dirigirme de nuevo al salón.

—Bien, entonces todo claro.

—¡No la toques! —Hardin empuja a Mark, no tan fuerte como para tirarlo al suelo, aunque sí lo

suficiente como para apartarlo de mí—. ¡Fuera! ¡Ya! —ordena, y pasa por delante de mí, cruza el salón y

sale por la puerta.

Lo sigo hasta el rellano y cierro de golpe al salir.

Se tira del pelo y empieza a ponerse irascible.

—¿A qué coño ha venido eso?

—¿El qué? ¿Que te haya plantado cara? ¿Crees que puedes meterme un billete de avión y un llavero

en la maleta y esperar que desaparezca? —Golpeo su pecho y lo empujo contra la pared.

Casi me disculpo, casi me siento culpable por empujarlo, pero cuando levanto la vista y veo sus

pupilas dilatadas, todo remordimiento desaparece. Apesta a hierba y a alcohol; no hay ni rastro del Hardin

al que amo.

—Estoy tan pedo ahora mismo que no puedo pensar con claridad, ¡y mucho menos darte una puta

explicación por enésima vez! —grita, y golpea con el puño la pared de yeso barato, que se agrieta.

He presenciado esta escena demasiadas veces. Ésta será la última.

—¡Ni siquiera lo has intentado! ¡Yo no he hecho nada malo!

—¿Qué más quieres, Tessa? Joder, ¿quieres que te lo deletree? Lárgate de aquí. ¡Vuelve a donde

perteneces! No pintas nada aquí, no encajas. —Para cuando pronuncia la última palabra, su voz es

neutra, incluso suave. Casi desinteresada.

No me quedan fuerzas para seguir peleando.

—¿Estás contento por fin? Tú ganas, Hardin. Tú ganas otra vez. Aunque siempre lo haces, ¿verdad?

Se vuelve y me mira directamente a los ojos.

—Tú lo sabes mejor que nadie, ¿no es así?

CAPÍTULO 14

Tessa

No sé cómo consigo llegar a Heathrow a tiempo, pero lo hago.

Kimberly se ha despedido de mí con un abrazo cuando me ha dejado en el aeropuerto, creo.

Recuerdo que Smith se limitaba a observarme mientras calculaba algo indescifrable.

Y aquí estoy, sentada en el avión, al lado de un asiento desocupado, con la mente y el corazón vacíos.

Cuánto me he equivocado con Hardin, y eso sólo demuestra que los demás únicamente pueden cambiar

por voluntad propia, por mucho que tú te esfuerces en que lo hagan. Tienen que querer hacerlo tanto

como tú o no hay ninguna esperanza.

Es imposible cambiar a la gente que tiene la cabeza puesta en quiénes son. No puedes apoyarlos lo

suficiente como para compensar sus bajas expectativas, y no puedes amarlos lo suficiente como para