camino tan fácil y familiar, pero ignoro sus protestas y asiento.
—Pues la verdad es que necesito un favor.
—Puedo encontrarte todo lo que necesites. ¡Ahora James vende! —responde Mark con cierto orgullo.
Pongo los ojos en blanco.
—No me refería a eso. Necesito que me sigas hasta mi hotel para que deje algo allí y que luego me
acerques a Gabriel’s para que recoja mi coche.
Voy a tener que ampliar el tiempo de alquiler del vehículo, si es que me lo permiten. Decido olvidar
que tengo un apartamento entero y un coche esperándome en Washington. Ya solucionaré eso más
adelante.
—Y ¿después te vienes a mi piso? —Se detiene—. Un momento, ¿a quién vas a llevarle lo que tengas
que dejar allí? —Ni colocado se le escapa ningún detalle.
No pienso hablarle de Tessa ni muerto.
—A nadie, sólo es una tía. —Me arde la garganta al mentir sobre lo que Tessa significa para mí, pero
debo protegerla de esto.
Mark se dirige a su coche, y se detiene antes de entrar.
—¿Está buena? Puedo esperarte fuera si necesitas follártela otra vez. O a lo mejor me deja…
La ira me invade y respiro hondo unas cuantas veces para relajarme.
—No, ni de coña. Eso no va a pasar. Tú quédate en el coche. Ni siquiera voy a entrar. —Al ver que
no está muy convencido, añado—: Lo digo en serio. Como salgas del puto coche y te acerques lo más
mínimo…
—¡Eh, tío! ¡Tranquilo! ¡Me quedaré en el coche! —grita, y levanta las manos como si yo fuera un
policía.
Sigue riéndose y sacudiendo la cabeza mientras me sigue fuera del aparcamiento y volvemos a la
carretera.
CAPÍTULO 11
Tessa
Compruebo mi teléfono, que está cargándose en el enchufe de la pared.
—Ya ha pasado más de una hora desde que se fue.
Intento llamarlo de nuevo.
—Seguramente es sólo que se está tomando su tiempo —dice Kimberly, pero detecto la duda en sus
ojos mientras intenta reconfortarme.
—No lo coge. Como haya vuelto a ese bar…
Me pongo de pie y empiezo a pasearme.
—Llegará en cualquier momento —responde ella.
Entonces Kim abre la puerta y se asoma. Mira hacia ambos lados y después hacia adelante. Dice mi
nombre en voz baja, pero hay algo en su voz que no me gusta. Algo no va bien.
—¿Qué? ¿Qué pasa?
«¿Hardin está fuera?»
Corro junto a ella y veo que se agacha… y recoge mi equipaje del pasillo.
El pánico se apodera de mí y me postra de rodillas. Apenas siento que mi amiga me abraza mientras
abro el bolsillo delantero de la bolsa.
Un billete de avión. Sólo hay un billete de avión. Junto a él, encuentro el llavero de Hardin con las
llaves de su coche y del apartamento.
Sabía que esto iba a pasar. Sabía que se alejaría de mí en cuanto encontrara la ocasión. Hardin no
puede soportar ningún tipo de trauma emocional, no posee las herramientas para hacerlo. Yo podría,
debería, haberme preparado para esto, de modo que, ¿por qué me pesa tanto este billete en las manos y